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Hay una discusión en todo el mundo sobre la calidad de las mediciones de la pandemia. Vistas de cerca, ninguna de las mediciones es aceptable.

Pero hay mediciones y mediciones. La mexicana es particularmente impugnable. Estamos llegando a no saber aquí ni qué se ha medido, ni qué se está midiendo.

La voz oficial nos dice que estamos camino al pico de la pandemia, de infecciones y de muertos. Nos dice también que va siendo hora de abrir las puertas y salir a la normalidad.

No tiene coherencia una cosa con la otra.

Mejor dicho: así como no tenemos claridad sobre lo que está sucediendo con las infecciones, pues nuestra medición es comprobadamente deficiente, tampoco hay indicios claros de que el gobierno tenga un plan cuidadoso para poner fin al distanciamiento social y reabrir la economía.

La canciller alemana Angela Merkel advirtió anteayer, en el momento en que su país empieza a suspender el distanciamiento social y luego de haber medido y contenido con eficacia la pandemia, que la curva de contagio puede volver a sus picos catastróficos si no hay disciplina en la sociedad y rigor en el gobierno.

La verdad, en México estamos en la mitad de una tormenta cuya intensidad cabal no hemos medido y cuya salida, por tanto, no puede ser sino incierta, aproximativa. Antes de que termine la tormenta mal medida, sin embargo, estamos ya planeando que la gente salga de su casa.

Es imposible decir si la voz oficial acierta o se equivoca. Lo que podemos decir es que no ha medido bien lo sucedido hasta ahora, ni puede tener, por tanto, una idea clara de lo que hay que hacer para salir del encierro con el menor riesgo posible.

Estamos en el ojo del huracán y hay que salir a la intemperie. No hemos tenido meteorólogos que midieran el tamaño del huracán, ni podemos tener, por lo tanto, autoridades que nos digan con claridad cómo salir del refugio.

La mayor parte de muertos que hubo en el ciclón Janet de Chetumal en 1955, fue de la gente que salió de casa pensando que el huracán había terminado. Pero faltaba la mitad del huracán.