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l gobierno declaró “la guerra de las marchas” y se dispone a probar que la suya, del 27 de noviembre entrante, será más grande que la del 13 de noviembre pasado.

Hay indicios de que no escatimará recursos para matar los números de la marcha del 13 de noviembre, que resultó no sólo inesperada, sino grande más allá de todo cálculo y desafiante más allá de toda certidumbre previa sobre quién era en este país el dueño de las calles, de las plazas y de las marchas.

Oposición llama a usar prendas con colores del INE el día de la marcha de AMLO El gobierno y su partido quedaron de pronto en evidencia: una marcha de la oposición, una marcha no convocada por ellos, llenó las calles de la Ciudad de México y de otras ciudades del país, como hace mucho tiempo no las llenaban ellos, los dueños de las marchas.

La verdad es que, en cuanto llegaron al gobierno, los dueños de las marchas dejaron de hacer marchas. La última gran marcha en la Ciudad de México no fue del gobierno, sino de las mujeres en contra del gobierno, la marcha de las jacarandas de marzo de 2020, una movilización profunda, no gubernamental, a la que desmovilizó la pandemia.

Después de la pandemia, la otra marcha importante y grande, tan grande e importante como la de las mujeres, fue la marcha por el INE, en defensa del árbitro de la democracia mexicana que el gobierno quiere desarbolar. Cuando tomaron el poder en 2018, los hasta entonces dueños de las marchas, dejaron de marchar, y se pusieron a hacer consultas, a ejercer una democracia de encuestas de su invención, mediante las cuales tomaron decisiones, destruyeron aeropuertos, amenazaron expresidentes, escogieron candidatos.

Fue así como entregaron al solitario de palacio todas las decisiones que antes exigían en las marchas.

Terminaron con muchas encuestas fantasmas, muchos dedazos palaciegos, mucho poder ejercido, mucha burocracia dócil, muchos candidatos descorcholatados, pero pocas plazas llenas, pocas marchas genuinas, como la de la defensa del INE del 13 de noviembre pasado.

Y así parece andar el gobierno en estos días, desgañitándose, girando órdenes burocráticas, despertando a sus funcionarios, activando a sus clientelas, en busca de sus plazas y de sus marchas perdidas.