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Cierto atavismo de nuestra historia contemporánea provoca que criticar al Ejército sea una tremenda incorrección política. Sin embargo, este gobierno empolla un huevo de serpiente al propulsar la injerencia de los militares en las actividades civiles.

Apenas hasta ayer, también era una tremenda incorrección política reprobar al populismo que ganó las elecciones en julio de 2018: quienes lo enjuiciaban eran reprobados. Pero hoy los críticos del populismo crecen como hongos después de la lluvia. Son la moda.

En el futuro ocurrirá igual con el Ejército, pues acabará mal la entrada que ese populismo gobernante está dando al mundo militar en el mundo civil para dirigir empresas, puertos, aduanas, sucursales bancarias, administración y finanzas, cárceles…

La detención en Estados Unidos del hasta hace dos años jefe del Ejército mexicano, por vínculos con el narcotráfico, demuestra que es un cuento (también políticamente correcto) eso de que los militares son incorruptibles.

Porque no se trata sólo de que el Ejército sea contaminado por el crimen organizado: se trata de que el monopolio de la fuerza coercitiva, de las armas, de la impunidad, del poder provocan que el Ejército sea insaciable y acabe capturando el poder político.

Vamos: ocurrió en Venezuela, donde el populismo ganador de las elecciones de 1999 introdujo al Ejército en el mundo civil, y dos décadas después el Ejército controla la presidencia de la República, la seguridad, los programas sociales, la salud, los aeropuertos…

Lo explica el sicólogo clínico y comunitario venezolano Manuel Llorens:

El militarismo es un factor clave la debacle de Venezuela, porque introdujo lógicas gerenciales que desmontaron empresas e instituciones. La incorporación de las lógicas militaristas en la vida civil desmontaron al país.

Los militares se involucraron tanto en la gobernanza y en la vida pública venezolana que hoy son considerados por la ONU “responsables directos de crímenes de lesa humanidad” y se aferran al poder porque saben que serán juzgados y condenados.

Sin embargo, aun cuando hoy mete aceleradamente al Ejército en el gobierno, el actual grupo gobernante en México ganó las elecciones presidenciales considerando asesino al Ejército, y denunciándolo en La Haya por crímenes de lesa humanidad.

Sobre la desaparición de los 43, el hoy presidente dijo que

“El reclamo debe ser a las Fuerzas Armadas, a quienes intervinieron en ese crimen”. Y sobre el abatimiento del capo H-2 por marinos, dijo que “ajusticiaron a seres humanos, eran jóvenes”.

Pero actualmente tiene a los militares en el control de aduanas, sucursales bancarias, construcción de aeropuertos, vías férreas, en administración y finanzas del ISSSTE (general Lohmann Iturburu), penales federales (brigadier Martínez Castuera).

Haciendo lo mismo que hizo Chávez en Venezuela: incorporar las lógicas militaristas en la vida civil.

Así se desmonta un país.