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Pasamos sin mirar lo que es quizá el fenómeno capital de estos años. Un elefante tan grande que es difícil incluso de alcanzar con la vista en todas sus dimensiones.

Me refiero al hecho de que, en estos años, México haya perdido cuatro años de esperanza de vida. Es probable que nunca, ni en épocas de guerra, el país haya tenido esa cantidad de muertos en términos absolutos.

Hablamos de casi un millón de muertos en cinco años, entre 2018 y 2023.

A los 156 mil muertos por homicidio y a los 38 mil 78 desaparecidos habría que añadir los muertos que dejó la mala administración de la pandemia de covid, que dejó una cantidad de muertes en exceso de 793 mil 625, según las cifras de la Secretaría de Salud (en caso de que exista todavía).

México corrió la perra suerte de otros grandes países cuyos gobiernos decidieron no hacer nada frente a la pandemia de covid.

Me refiero al gobierno de Donald Trump, en Estados Unidos, que habló despectivamente de una “gripa china” y dejó que el virus se llevara, al final, a un millón de estadunidenses.

Algo de semejante envergadura sucedió con el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, quien llegó a decir que el temor al covid era un asunto de “maricones”.

Aquí tuvimos a un presidente que dijo que el virus podía detenerse con amuletos y estampitas, y a un encargado de la pandemia que, cuando reconoció su existencia, dijo que produciría cuando mucho 60 mil muertes.

Los deudos, la historia y quizá los tribunales los están esperando adelante, para cuando pase el momento del shock y el país enlutado pueda mirar de frente la enormidad de este elefante y exigir cuentas a los responsables por sus delitos de omisión.

Porque fueron omisos en el diagnóstico, omisos en la rápida compra de vacunas, omisos en el reforzamiento del sistema de salud, omisos en la pedagogía y en la información oportuna contra la epidemia, omisos en el cuidado de médicos y paramédicos, omisos en el reforzamiento de hospitales y en la convocatoria nacional para atender la emergencia, omisos en la ayuda a las víctimas y a los deudos, omisos en la solidaridad y la compasión.