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Bajo cualquier criterio democrático que se use, la elección judicial de este domingo es un desastre, un atentado contra la división de poderes, contra la democracia misma.

Medida con criterios de eficacia política cruda, el diagnóstico es distinto. No estamos frente a un desastre que pasará con la fecha, o frente a una farsa que pasará con la risa, sino frente a una cuidadosa manipulación que se quedará inscrita en la historia por mucho tiempo.

¿Cuánto tiempo? Tanto como tarde el país en generar una nueva mayoría constitucional, suficiente para echar atrás los cambios de los últimos meses de gobierno de López y los primeros de Sheinbaum.

Vista con ojos legales y reglas democráticas, la elección judicial es un enredo de malas leyes y peores instrumentos: un jeroglífico absurdo, indescifrable e impracticable.

Vista con un criterio de poder desnudo, la elección judicial es una refinada estratagema para someter el Poder Judicial a un diseño autocrático, que anula la división de poderes y completa la dictadura constitucional.

Tienen razón quienes dicen que la elección será un sainete, un ejercicio grotesco de simulación electoral.

Pero el objetivo de poder real que se esconde tras el procedimiento grotesco incluye pagar el precio del escándalo formal, a cambio de un botín político histórico: controlar el Poder Judicial y ponerlo al servicio de un gobierno que controla ya los otros dos poderes.

El sainete es grande. El botín es mayor.

El escándalo de legitimidad democrática formal esconde un premio enorme de control autoritario, un premio de poder autocrático que puede no sólo aguantar su desprestigio crítico, sino aplastarlo después.

El régimen dictatorial construido por López y Sheinbaum será heredado al siguiente gobierno, que lo usará en su servicio. En un descuido, contra ellos.

La pieza que falta para tener un régimen constitucional a la cubana o a la venezolana es el control gubernamental de las elecciones, la burocratización del INE y la anulación de los partidos no oficiales.

Esa es la próxima estación, la reforma autocrática en puerta.