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Teresa Ramos Arreola, inexplicable diputada que coordina la bancada del parasitario Partido Verde en el Congreso de Ciudad de México, propone retirar de calles y plazas cualquier alusión a Cristóbal Colón y Hernán Cortés.

Falsaria, dice que esto lo sugiere “lejos de pasiones”, pero que se trata de “un hecho de justicia histórica”.

Del par de remotos y célebres peninsulares a quienes endosa la Conquista de lo que había en ese entonces le sobra Colón, quien con todo y su batallón jamás pisó islas o tierra firme del territorio que solo hasta el XIX cobró forma de un país llamado México.

Al descubridor histórico de América (se dice que antes llegaron polinesios por el Pacífico y vikingos por el Atlántico) que creyó haber llegado “a las Indias”, la ocurrente legisladora le quiere cobrar la mutilación y el asesinato de nativos, y a Cortés actos de tortura y la muerte de 100 mil mexicas, entre los cuales, dramatiza, se encontraban “niños y ancianos” porque “no pensaban igual que él” y se “atrevían a rebelarse contra sus abusos”.

Lo único que lamenta Teresita es la caída de los abusivos tenochcas o mexicas (que tenían sometidas por el terror a todas las demás poblaciones y culturas mesoamericanas), que fue consumada sobretodo ¡por indígenas!, como los decenas de miles de totonacas y tlaxcaltecas que estaban hasta el gorro de los atropellos y crímenes de lo que en la época colonial se bautizó como “aztecas”.

De los desmembramientos, ¿sabrá esta señora que sus y mis antepasados indígenas veneraban a XipeTotec, Nuestro Señor el Desollado, a quien los sacerdotes dedicaban la zalea de los sacrificados, a quienes les arrancaban el corazón?

Se queja de que Cortés ordenó asesinar a 6 mil cholultecas con el pretexto de que estaban conspirando contra “su misión divina”. Ajá. ¿Qué hacer entonces con las calles y monumentos a los tlatoanis mexicas que ordenaban las “guerras floridas” contra los pobres tlaxcaltecas, que perdían todas y sus guerreros terminaban descuartizados en el Templo Mayor de Tenochtitlan?

Dice que en la etapa final de la Conquista murieron solamente 50 españoles. Obviamente, ya que las tropas de Cortés llegaron a ser cuando mucho un millar que, sin el apoyo resuelto de los pueblos sometidos, que en las batallas perdieron también miles de camaradas a manos tenochcas, no habrían podido consumar la invasión.

Aunque no lo merece, ojalá la diputada valore este breviario elemental: Perú es un país mayoritariamente indígena y a nadie allí se le ha ocurrido demoler la estatua de Francisco Pizarro (ex capitán por cierto de Cortés), por más que abunden las de Atahualpa, el cacique inca al que ordenó descuartizar con cuatro caballos tirando de sus extremidades.

Después de que su partido promovió la muerte de los circos con su coartada de “defender” los animales, Teresa Ramos Arreola debiera subir a la tribuna otra vez, pero para disculparse.