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El Consejo de Salubridad General debería tener como líder al secretario de Salud. Y, sin duda, el encargado de dar cuenta de las medidas extraordinarias que se tienen que adoptar en el país tendría que ser el presidente de la República.

Pero no, el secretario de Salud se vio reducido a un mal maestro de ceremonias y el presidente Andrés Manuel López Obrador está en otra cosa, que no es precisamente atender la emergencia nacional.

El que, una vez más, asumió la batuta del poder en plena contingencia sanitaria, el que se dejó ver como una figura de autoridad, fue el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard.

México está en una crisis sanitaria, como el resto del mundo. Y México está iniciando una crisis económica, como muchas naciones más habrán de enfrentar. Pero el gobierno mexicano no tiene, en este momento, las condiciones de liderazgo suficientes para que esta recesión pueda dar paso a una vigorosa recuperación.

El presidente López Obrador está atrapado en su jaula ideológica, está cautivo en sus viejas ideas. No ha mostrado, hasta este momento, la capacidad de adaptación ante una situación que simplemente es inédita. No tiene la preparación ni la experiencia para enfrentar lo que viene.

Lo que sí tiene y debe aprovechar es un enorme respaldo social. Es un presidente, quien a pesar de que le estalló la crisis en las manos y ha mostrado una enorme impericia, ahí tiene a millones de personas que le creen y lo respaldan. Eso le da un escudo protector contra las voces que lo quieren apartar del poder.

Pero algo tiene que hacer el presidente. Debe tener la visión suficiente como para hacerlo desde dentro, sin ser forzado a soluciones externas a su 4T y tendrá que echar mano de lo poco bueno que tenga entre su gente.

Debe el presidente López Obrador soltar la toma de decisiones donde claramente no tiene habilidades a quien tenga experiencia y manejo político dentro de su equipo y Marcelo Ebrard es de lo más respetable que tiene en su gabinete.

El presidente López Obrador se ha recargado en las Fuerzas Armadas para hacer tareas que competen a sus ineficaces secretarios, como las obras que tocarían a Comunicaciones y Transportes o los hospitales de la Secretaría de Salud. Pero no le sirve el Ejército para tomar decisiones económicas y políticas.

Puede ser como un modelo parlamentario de facto: un primer ministro que asuma la responsabilidad de la toma de decisiones y los costos políticos. Y un presidente que reparta abrazos por los caminos de Badiraguato y tenga al pueblo feliz, feliz, feliz.

El valor del presidente como factor de estabilidad social no se puede soslayar, sobre todo en momentos en que la población lo pasa mal en materia de salud y lo pasará muy mal en materia económica.

Pero ese valor se conservará en la medida en que López Obrador no sea identificado como parte del problema.

Antes de que se demande una solución externa, la 4T debe echar mano de los pocos recursos valiosos que tiene a su interior.