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La divisa es hoy el objeto de deseo.

Como sea, ya va para seis meses desde que la Reserva Federal (Fed) decidió poner fin a su programa de liquidez vía compra de bonos hipotecarios. Desde entonces, los mercados esperan impacientemente el día en que se eleve por primera vez la tasa de interés de referencia.

Ha sido un tiempo de angustia financiera que ha cumplido al pie de la letra la expectativa de caída en los mercados emergentes y de aumento en la captación de capitales por parte de los instrumentos denominados en dólares de Estados Unidos, en adelanto a una noticia que no llega. Y que por lo visto, tras el pobre desempeño del trimestre pasado, podría tardar algún tiempo más.

El primer cuarto de año y sus datos tan dispares provocaron que los que toman decisiones al interior del banco central de Estados Unidos invitaran a los analistas a ampliar su mirada sobre cuáles son los indicadores que habrán de tomar en cuenta antes de iniciar el alza en el costo del dinero.

La tasa de desempleo era un muy buen indicador a seguir cuando 10% de la fuerza laboral se encontraba desocupada, pero cuando el empleo había mejorado a la par que otros indicadores retrocedían, invitaba a una visión mucho más amplia.

Por eso, la inflación es determinante, siempre lo ha sido, al momento de fijar el rumbo de la política monetaria. Además de otros indicadores industriales y de consumo. Seguro que con los datos preliminares del primer trimestre del año, la Fed debe tener más dudas que certezas del rumbo a seguir. En primer lugar porque el periodo enero-marzo de este año ha sido un tiempo de un dólar fuerte.

Entre la baja de los precios del petróleo, las políticas monetarias hiperlaxas de Europa y Japón, la desaceleración de economías como la china, la única moneda que hoy todo lo tiene es el dólar, por lo tanto se convierte en un objeto de deseo.

Tener dólares es tener poder de compra en el mundo, pero tasar en esa divisa productos y servicios implica perder competencia ante ofertas similares cotizadas en otras monedas como el euro o el peso.

Janet Yellen dejó ver su preocupación por el dólar fuerte durante su más reciente conferencia de prensa, tras la decisión de política monetaria. Lo que también es una variable en la mesa de las discusiones.

El primer trimestre del año no parece haber sido muy dinámico para la economía estadounidense. La nómina no agrícola de marzo fue mucho más baja de lo esperado, el consumo privado ha sido raquítico y la producción industrial también muestra una desaceleración.

Las malas condiciones climáticas poco ayudaron a ese país a tener una dinámica económica mayor, pero también hizo frío en Europa y allá mejoran sus pronósticos de crecimiento. Claro, los europeos lo hacen desde los terrenos de la recesión.

El punto es que el dólar fuerte es un lastre económico para Estados Unidos que la Fed seguramente está considerando.

Tenemos las palabras de la conferencia de prensa de la señora Yellen, pero mañana que tengamos en las manos las minutas de la pasada reunión del Comité de Mercado Abierto de la Fed podremos saber si efectivamente esa fortaleza ya ha provocado alguna especie de angustia entre ese grupo de banqueros centrales.