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Una de las fantasías que los mexicanos hemos estado viviendo con entusiasmo, y aplaudiendo como focas de circo durante los últimos dos años, es la ilusión del superpeso: momentáneos índices de cotización de nuestra moneda muy favorables, que el régimen dejó creer que se debían a la fortaleza económica de México.

Y desde luego, al buen gobierno.

Llegaron momentos en que en las grandes operaciones financieras internacionales la moneda mexicana era preferida para transitar por su camino, lo que daba noción de cierta fortaleza. Era ficticia.

La realidad es que el plácido tipo de cambio del peso no era sino un reflejo de la depreciación mundial del billete verde. La terca persistencia de la guerra de Irán y su resonancia en el precio del petróleo, la inflación interna que conlleva, llevó al dólar en caída. En todo el mundo.

El entusiasmo auspiciado escondía la otra cara de precisamente la moneda: un dólar que rinde menos pesos es pésimo para una economía que depende mucho de sus exportaciones y —ojo— de las remesas de sus paisanos a los pobres de muchos estados mexicanos. Hace unos días, el dólar llegó a valer 16 pesos y un piquito, frente a una constante alrededor de los 17.70. Una variable considerable.

Ayer miércoles el dólar llegó a 18.06. Por el otro lado, buenas noticias para los exportadores que producen en pesos y venden en dólares y a los que reciben remesas, no así para los exportadores de tecnología y automóviles que compran sus suministros en dólares y venden igual. Salen tablas. 18.06.

Una tasa que sigue ficticia, ajena a la realidad económica que no puede prometer mantenerse así: los que están enraizados en los valores reales, cuando hacen sus cálculos, siguen tomando el dólar a veinte por uno. Especialmente en operaciones a futuro.
Los motivos del lobo se encuentran precisamente en su guarida. La Reserva Federal de los Estados Unidos, que es el banco central que responde por el valor de cada billete verde, es la entidad que periódicamente fija las tasas de interés para su moneda. Eso es simplemente, los intereses que paga cada país por el dinero. La tasa de la Reserva Federal subió la semana pasada 25 puntos base, para llegar casi al 4%. El Banco de México, su equiparable entidad, mantuvo su interés en el 6.5%. El diferencial es el que orienta a los capitales que piden dinero en donde cuesta menos para invertir en dónde rinde más; es la causa principal, ni única, del fin del superpeso. El 6.3% de depreciación del peso desde junio de 2024.

Bienvenidos al mundo real. La Reserva puede ir un poco más arriba con los resultados previsibles del veinte por uno.

PILÓN PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Uno de los pavores generalizados de nuestro tiempo, precisamente por poco definidos, es el de la Inteligencia Artificial, ese monstruo de nuestro Frankenstein que ya echamos a andar, pero no sabemos a dónde nos va a llevar.

El presidente Trump acaba de tener una reunión con casi todos los poderosos de la industria.

A diferencia de la opinión generalizada mundialmente, de que la IA requiere de algunos mecanismos que moderen su fuerza, el compromiso de Trump fue no solamente de apoyar el desarrollo de todos los programas, con el objetivo expreso de que China no le gane la carrera a los Estados Unidos.

No necesitamos inteligencia artificial para entender que está abriendo una puerta al peligro.

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