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Si los huachicoleros se roban la gasolina de los ductos, la decisión del presidente Andrés Manuel López Obrador fue cortar el flujo de gasolinas por esas vías. Si hay una crisis de abasto, es lo de menos, porque sin combustibles no hay robos.

Si el gobierno federal cree que hay irregularidades en el manejo de los recursos en las instancias infantiles, corta los subsidios y pone a trabajar a las abuelitas a cuidar a los niños afectados.

Qué bueno que no son ortopedistas, porque cortarían una pierna por un dolor muscular y mucho mejor que no son urólogos…

Lo que pasa con las guarderías afectadas con el recorte en las transferencias de subsidios es lo mismo que les ocurre a tantos otros rubros, donde el gobierno federal, que usa al Congreso sólo para guardar las formas, decreta reasignaciones porque necesitan dinero para dar forma a su personalísima política social.

No hay manera de refutar ni de criticar la decisión de la administración de López Obrador de privilegiar la estabilidad macroeconómica a través de no incrementar el déficit público ni aumentar los niveles de deuda. Al menos ésa es la promesa.

Lo criticable es que la política social del actual gobierno tiene un claro enfoque asistencialista, que busca sin duda hacerse de una clientela política fiel y dependiente de las dádivas que se identifiquen claramente con la figura presidencial.

Por ello es que creó esos delegados estatales, poderosas figuras paralelas a los gobernadores, que hacen sus propios padrones de afiliación, paralelos al trabajo del Inegi, que servirán para que instituciones bancarias, designadas de manera directa y sin licitación, dispersen miles de millones de pesos entre viejitos, madres solteras, jóvenes desocupados y ahora niños, que serán agradecidos con el sistema y temerosos de perder las prebendas.

Esta aberración totalitaria necesita recursos. Y si, como prometen, no se conseguirán con deuda y no se incrementarán las fuentes de ingreso tributario, pues lo que queda es un recorte a machetazos del gasto actual.

Y en esa desesperación por conseguir dinero de donde sea, la 4T está poniendo en práctica medidas que no habrían imaginado los más férreos neoliberales ni en sus sueños más salvajes.

Habría sido más fácil pensar que este gobierno preferiría concentrar bajo el ala del Estado los servicios de guardarías, por ejemplo, en el IMSS. Pero no, a la subrogación actual, que sí ha funcionado, le quieren recetar una fórmula de libre mercado. Imaginan que los papás, dinero en mano, optarán entre una guardería privada o la abuelita.

Con este cambio, el gobierno quitó a las estancias infantiles más de 2,000 millones de pesos que ahora se van al asistencialismo gubernamental en marcha.

El problema real es que con este recorte no se crean escalas que permitan a las estancias infantiles subsistir, no habrá una sola opción segura y profesional que por 800 pesos al mes custodie a los niños que pierden esta alternativa.

Las familias que reciban estos recursos optarán por redireccionar el dinero a otros gastos y dejar a las abuelitas, en el mejor de los casos, la responsabilidad del cuidado, en lugar de un grupo de puericultoras, nutriólogas, pediatras y expertos en educación preescolar.

Habrá una mayor división social entre los niños de mayores recursos que no requieran de estancias infantiles subsidiadas, que tendrán un ambiente educativo y seguro para su desarrollo y aquellos que tendrán que quedarse en casa aislados de otros niños, sin guía profesional para su crecimiento.

Éste es un error más del gobierno actual. Uno de dimensiones mayores porque involucra la seguridad y el desarrollo de miles de niños. Y todo se decidió en un escritorio al momento de la reasignación presupuestal.

¡Qué bueno que se erradicó a los tecnócratas neoliberales del poder!