El punto final de AMLO


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Manuel AjenjoEl Privilegio de Opinar

El PRI responde

Los que peinamos canas y los que ya no tienen nada que peinar; nosotros los de la tercera edad; adultos en plenitud (de triglicéridos y colesterol); sabemos que desde hace varios sexenios se pronuncia el adagio que dice: si en México se metiera a la cárcel a todos los corruptos no iba a haber quien cerrara la reja de la prisión.

Al parecer la conseja no es una invención sino una realidad que recién constató Andrés Manuel López Obrador, según lo que expresó en la emisión especial del programa Tercer Grado transmitido el lunes pasado. El presidente electo manifestó estar sorprendido por la magnitud de la corrupción, “es tanta que no alcanzarían las cárceles ni los juzgados”. “Pero además –agregó-, si somos honestos, como lo somos, tendríamos que empezar por los de arriba, de tiempo atrás y eso nos metería en un pantano de confrontación. Entonces tenemos que tomar la decisión. Yo no quiero hacer lo mismo, no quiero simular, no me gusta la espectacularidad en la política, tendríamos que ir hacia arriba y sería un acto de confrontación muy fuerte y es apostar a la discordia”.

Al día siguiente –Aniv. de la Rev.- acompañado de su esposa, la escritora e historiadora Beatriz Gutiérrez Müller, de la jefa de Gobierno electa de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, y de la senadora Olga Sánchez Cordero, próxima secretaria de Gobernación –posición que, me aventuro temerariamente a suponer, está en la órbita del senador incómodo Ricardo Monreal- hizo una guardia de honor en el lugar donde cayeron asesinados Francisco I Madero y José María Pino Suárez durante la decena trágica. Allí quien dentro de diez días será ungido presidente, hizo un llamado a mantener nuestra memoria histórica. En este sentido concuerda con lo que el escritor y periodista español Javier Marías (Madrid, 1951) llama ‘la abolición del pasado’ porque éste molesta a los contemporáneos incapaces de las grandes hazañas, la ortodoxia y la perfección en todos los ámbitos de la vida.

Habrá notado el lector que después de casi diez años de hacer esta columna bisemanal no se me ha quitado la tendencia a la digresión. Vuelvo con Andrés Manuel quien según le manifestó, en el mismo Tercer Grado, a su amigo el periodista René Delgado, no le molesta que lo llamen Peje, por lo que le vamos a decir “Pejidente”. Pero como debe haber dicho Luis Videgaray cuando era adolescente: vamos al grano. Después de la guardia en honor del apóstol de la democracia y del “caballero de la lealtad” como llamó a Pino Suárez, el próximo Primer Mandatario, concedió una entrevista a los medios mediante la cual no sólo ratificó lo dicho en la televisión el día anterior, sino que amplió el concepto, dijo que habrá perdón y punto final para los corruptos porque de no ser así el país se empantanaría en estar persiguiendo presuntos corruptos. Además, reiteró “como somos honestos tendríamos que empezar por lo de arriba y no sólo los de ahora porque esta crisis no comenzó hace un mes, ni el año pasado, ni este sexenio”. Comparó los 36 años de política neoliberal con los 34 del porfiriato.

Especificó “yo no soy cacique, no aspiro a ser un dictador, soy un demócrata. Entonces no se darán órdenes a los poderes Judicial o Legislativo, que son independientes –of course-, para que detengan procesos iniciados”. Fue muy claro y enfático en decir que todo lo que esté en proceso se va a concluir y que lo resolverá la autoridad competente; y que hacia adelante ya no habrá perdón para ningún corrupto. “Que ya no se perdone a nadie y que se pueda juzgar al presidente si es corrupto, a sus funcionarios, a sus familiares, y que se destierre la corrupción de México para siempre”.

¿Así de fácil? Por lo pronto las palabras de López Obrador me motivan a hacer una consulta entre los lectores: ¿Ustedes creen que se pueda acabar con la corrupción y su hermana gemela la impunidad por decreto presidencial? O considera que eso es imposible, porque la corrupción que va de la mano de la impunidad, están impregnadas en nuestro ADN nacional.

El PRI responde

Como parte del surrealismo en el que se desenvuelve la vida política mexicana, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), la fábrica de corruptos más grande de México, empresa en liquidación; se sube a la discusión sobre la amnistía propuesta por el presidente electo, a través de su dirigente nacional, Claudia Ruiz Massieu Salinas, quien en conferencia de prensa declaró que ni el presidente ni nadie puede subvertir la ley para conceder el perdón a quien haya incurrido en actos de corrupción en la actual  administración o en las anteriores. “Quienes tenemos una responsabilidad pública debemos rendir cuentas a la gente (…) Sólo así se podrá terminar con la impunidad y se responderá a la exigencia ciudadana de que abatamos la corrupción”.

De lo anterior se desprende otra consulta: ¿Usted cree que la señorita Ruiz Massieu diga la verdad? ¿Considera usted que sus tíos –de la señorita Ruiz Massieu- don Carlos y don Raúl Salinas de Gortari son un ejemplo de honradez?

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Con las consultas de López Obrador, el sexenio se llamará: Cien mexicanos dijeron.