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Esta es la expresión que usó el presidente venezolano Nicolás Maduro para describir lo que esperaba al alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, detenido la semana pasada, y a los demás opositores a su gobierno.

Maduro recordó que la ex diputada María Corina Machado, tenía ya encima una causa por “traición a la patria” y que buscaban quitarle también la inmunidad parlamentaria a Julio Borges, líder del partido Primero Justicia. Estos son dos de los nombres conocidos de la oposición venezolana, junto con Leopoldo López, detenido hace un año en la prisión militar de Ramo Verde. Pero la lista de presos y la dureza con que se les trata es mucho mayor.

Hace unos días, luego de un intento fallido de visitar a Leopoldo López, el ex presidente colombiano Andrés Pastrana informó: “En Venezuela hay 83 presos políticos y casos aberrantes como los de ‘las tumbas’, a cinco pisos bajo tierra con aire acondicionado a temperaturas por debajo de cero, donde meten a estudiantes que protestan y que no ven la luz en tres y cuatro meses”.

“La tumba” es una instalación del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), en el centro mismo de Caracas.

Tamara Sujú Roa, una abogada defensora de los derechos humanos, ha descrito el lugar:

“En ‘la tumba’ no hay sonidos, no hay ventanas, no hay luz natural ni ventilación. Sólo se escucha el paso del Metro, encima de la cabeza. Las siete celdas de dos por tres metros, están alineadas una detrás de la otra, por lo que los detenidos no pueden verse. Piso y paredes blancas, rejas grises, con una apertura por donde les meten la comida. Cama de cemento blanco, mesa de cemento blanco. Los detenidos pasan las 24 horas del día encerrados, vigilados por cámaras y micrófonos. Sólo estiran las piernas cuando tocan un timbre interno para ir al baño, No hay otro color. Sólo blanco y gris. No hay sonido, sólo sus voces, no hay ni sol, ni luna, ni tiempo, porque no tienen reloj, por lo que no tienen noción de la hora, y no se saben si realmente es de día o es de noche” (ABC, 10 de febrero de 2015).

El puño de hierro chavista.