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Tenemos el defecto de ver la paridad del peso frente al dólar como parte de nuestra identidad nacional. Eso es un legado de otros tiempos políticos cuando hasta los presidentes se envolvían en la bandera y se arrojaban desde la tribuna para defender al peso como perros.

Por eso es que el 15 de septiembre se ve peor que la moneda mexicana dé el grito en niveles en torno a los 20 pesos por dólar.

Por supuesto que no hay ninguna buena noticia en ver cómo el peso se ha convertido en la moneda emergente más golpeada de este mes y de hecho de las más devaluadas del año, pero tampoco tiene que ser equivalente a alguna crisis como las que ya vivimos en el pasado, donde la devaluación estaba en el epicentro de la caída.

El comportamiento del peso mexicano durante este mes de septiembre se ha visto influido por factores externos, pero el tamaño de la reacción de la paridad también se ha notado influida por situaciones internas.

Es como el ataque de un grupo de felinos depredadores a una manada de ñus en la sabana africana. Todos van a correr, pero las víctimas serán las más débiles. Hoy el peso mexicano es carnoso, por su volumen de operaciones, pero es percibido como un ñu débil de la manada emergente por la debilidad macroeconómica que implica el aumento de la deuda.

En el eje central de los temores de los mercados que han corrido contra las monedas emergentes está la discusión entre expertos, pero también entre los propios integrantes de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), sobre la conveniencia de elevar las tasas de interés durante la reunión de política monetaria de la próxima semana.

Hay argumentos cada vez más recurrentes para retomar este proceso de alza ya. Mientras que al mismo tiempo hay indicadores que hablan de un debilitamiento de las condiciones económicas de la economía estadounidense.

De hecho, entre las expectativas generadas para el encuentro de la Fed está la revisión a la baja de sus expectativas de crecimiento de esa economía, lo que correría en sentido contrario de pretender elevar las tasas. Esto es incertidumbre pura que pega y duro en los mercados.

La cercanía de las elecciones de Estados Unidos con la lejanía de Donald Trump de la moderación y el sentido común también pesa en el estado anímico del mercado.

Y de paso las previsiones de una demanda más baja de energéticos en lo que resta del año no ayudan mucho a calcular mejores crecimientos y menos para los países petroleros.

Hay economías que no generan tantas dudas como la mexicana. Por ejemplo, Chile mantiene sólidos fundamentales macroeconómicos. O Brasil, que nadie tiene duda de sus problemas presupuestales, económicos y políticos, por lo tanto lo que ahora sucede con la recuperación vista en el mercado brasileño sucede desde el fondo que parece que ya tocó.

Desde la política fiscal y monetaria tienen que venir señales de calma para que se crea el mensaje de que se busca en serio estabilidad en los mercados.

El precio del dólar está para dar el grito - val_int_dolar_150916
Foto de El Economista