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Usamos la palabra “histórico” para referirnos a cambios importantes. Exageramos casi siempre. Pero creo que no exageramos en estos días cuando decimos que vivimos tiempos históricos.

Hemos empezado a vivir un cambio de régimen constitucional. Cosa que no ha sucedido en México sino en los años de 1824, 1857 y 1917.

Con el obsequio al gobierno de que pueda cambiar como quiera la Constitución, se han puesto las bases para un cambio histórico de régimen.

Le han dado al gobierno las bases legales necesarias para construir una autocracia legal, la legalización de un régimen político que ha capturado ya al Poder Legislativo, que se dispone a capturar el Poder Judicial, y que concentrará su mando sobre esos poderes en el Poder Ejecutivo, en la Presidencia de la República.

Lograr eso es una tarea políticamente complicada, pero están puestas las bases legales para ello.

Están anunciadas también las leyes, las reformas constitucionales necesarias para derivarnos de una democracia débil a una dictadura constitucional.

¿Cómo llegamos aquí?

Lo sabemos todos pero vale la pena recordar su curso reciente.

Fueron tres pasos:

Primero, una elección ganada por el gobierno por mayoría absoluta (50 más 1), con la intervención activa en la elección del Presidente, del gobierno y del dinero público

Segundo, la ampliación de la mayoría absoluta recibida en las urnas, a una mayoría calificada (más del 66% en el Congreso) mediante una maniobra poselectoral que permitió convertir 54 % de los votos recibidos por el gobierno, en 73 % de los asientos en la Cámara de Diputados. Algo parecido en la de senadores.

Tercero, la aprobación de esta maniobra por la mayoría de los consejeros del INE y del Tribunal electoral.

Ayer se instaló el manipulado Congreso mayoritario en el que la oposición no alcanza ni siquiera el número necesario para poder objetar las decisiones de la mayoría. La maniobra postelectoral convirtió 46% de los votos de la oposición en 27% de asientos en el Congreso

Estamos frente a una aplanadora legislativa fabricada, que empezará a aprobar hoy, 2 de septiembre, lo que quiera el gobierno.

El país que viene es el de un congreso abyecto.

La sumisión de septiembre.