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Cuando se decretó el inicio de la guerra contra el narco, a finales del año 2006, México venía en la curva más pronunciada de reducción de la violencia de su último siglo.

En el año 2007 su tasa de homicidios violentos fue de 8 por cada 100 mil habitantes. La curva venía bajando desde el año de 1990, en que la cifra era de 19 homicidios por cada 100 mil habitantes. Cuatro años después, en 2011, la cifra estaba en 23 por cada 100 mil habitantes.

Dos cosas cambiaron sustantivamente aquel paisaje de reducción de la violencia hacia una espiral de sangre.

Primero, la intensidad con que fue asumida la estrategia de atacar, descabezar y fragmentar a los llamados “cárteles” de la droga. Atacarlos así, se pensaba, los diluiría en un archipiélago de bandas dispersas que podrían luego controlar las policías locales.

El segundo factor nuevo fue el continuo despliegue de las fuerzas armadas para ejecutar la estrategia adoptada y presionar territorialmente a las bandas.

Las dos cosas se lograron. Durante la presidencia de Felipe Calderón fueron capturados o eliminados 25 de los 37 narcotraficantes más buscados. La cuenta del presidente Peña es que lleva capturados o eliminados a 101 de los 129 capos más buscados.

El Ejército, por su parte, ha multiplicado sus “bases mixtas” para presionar el territorio de las bandas criminales. Eran 75 las “bases mixtas” al terminar el gobierno de Calderón, son 142 ahora. Aparte hay que contar los operativos especiales de ocupación y búsqueda: 14 en lo que va del año 2016.

Las estrategias en ambos frentes se han cumplido, pero la violencia no ha disminuido y el control territorial sobre las bandas criminales es cualquier cosa menos exitoso.

Lo que alteró el camino de disminución de la violencia que México registraba en 2006 fue la introducción de estas dos estrategias: fragmentar y descabezar cárteles, y desplegar a las fuerzas armadas para ejecutar esa estrategia y para presionar el territorio donde se movían los criminales.

El resultado fue un salto exponencial de la violencia y la expansión de las bandas criminales por prácticamente todo el territorio nacional.

Coincido con el general Cienfuegos: esto tiene que cambiar.

Fuentes: Sedena: http://bit.ly/2dUMP3B; The Guardian: http://bit.ly/2hcslnj; Fernando Escalante Gonzalbo “La muerte tiene permiso”: http://www.nexos.com.mx/?p=14089

*Agradezco a Juan Pablo García Moreno la información de estas columnas.