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Dicho sea el título de este artículo sin asomo de ironía. Cada vez que el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, hace una declaración, trae una advertencia, modula una exageración o frena una expectativa.

Tiene el mejor estilo prudente y generalista de su tribu, por lo que no solo hay que oírlo, sino interpretarlo. Buena parte de su actividad ante los medios consiste en matizar o corregir la lectura que estos hacen de sus palabras y de los hechos económicos.

Hace unos días en una entrevista al Financial Times, Carstens pareció poner los riesgos en el cielo. Dijo que urgía una política monetaria de emergencia, lo cual, en su tono mesurado y oracular, podía leerse como que la economía, al menos la mexicana, estaba a punto de explotar.

No es que no haya ese riesgo, dados los signos alarmantes en varios frentes, sino que la explosión no es inminente. Al menos con relación a los riesgos mexicanos.

Carstens bajó el tono de la alarma en Davos, diciendo que la devaluación de la moneda mexicana se debe a una “sobrerreacción del mercado” y que el peso “deberá regresar de los niveles donde se encuentra ahora”.

Dijo también que se encuentra “cómodo” con el mecanismo de echar dólares al mercado cambiario para “suavizar las variaciones y, más que nada, prevenir un desequilibrio”. Un desequilibrio brusco, se entiende, porque el peso se ha devaluado 42% de fines de 2013 a la fecha.

El Banco de México tiene reservas por 172 mil millones de dólares y líneas de crédito por 70 mil millones más. Se entiende que no le quite el sueño haber echado al mercado cambiario 24 mil millones durante 2015 y mil 800 millones en lo que va de enero.

La caída de los precios del petróleo, la desaceleración china y la huida de los capitales de las economías emergentes al dólar bastan por ahora para explicar la caída del peso mexicano.

Pero en algún momento habrá que poner en la balanza nuestros errores, como haber duplicado en estos años la deuda pública (creció 10 puntos del PIB), sin que los nuevos recursos se hayan reflejado en crecimiento.

Esta es la reflexión que yo espero oír del oráculo Carstens, porque pondría el acento en algo que nosotros podemos corregir, quizá, independientemente de cómo vaya el mundo.

(Fuentes: 1. http://on.ft.com/1OCRBLW; 2. http://bit.ly/1PJ7kqD; 3. http://bit.ly/1Vetyol 4. http://bit.ly/1WBNmmT)

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