El ocaso del PRD

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Alberto AguirreSignos vitales

Comunista en sus juventudes, con estudios en Grecia y Chile, Amalia García abrazó la causa feminista hasta su ingreso al PRD, en 1989. En la elección del primer presidente del partido del sol azteca impulsó a Porfirio Muñoz Ledo y a la coalición arcoíris que integraba a representantes de organizaciones vecinales y exmilitantes del PC.


Comunista en sus juventudes, con estudios en Grecia y Chile, Amalia García abrazó la causa feminista hasta su ingreso al PRD, en 1989. En la elección del primer presidente del partido del sol azteca impulsó a Porfirio Muñoz Ledo y a la coalición arcoíris que integraba a representantes de organizaciones vecinales y exmilitantes del PC.

La izquierda social, por un lado, y un puñado de exdirigentes del PSUM, por el otro, comenzaron a conformar las grandes tribus que conformarían al perredismo. La primera etapa del partido llevó a la política zacatecana a una década de trabajos legislativos que conjuntó con su activismo ciudadano —ACUDE, 20 Compromisos por la Democracia, Grupo San Ángel, De la A a la Z y el Grupo de los 9— hasta 1999, que llegó a la presidencia nacional del PRD, después de una elección interna que tuvo que repetirse, ante las sospechas de un fraude.

En el 2000, estuvo en el centro de las negociaciones para conformar un gran frente opositor al PRI, con un candidato común. Vicente Fox y Cuauhtémoc Cárdenas hicieron que fracasara esa intentona, pero en vísperas del arribo del PAN a Los Pinos, estuvo entre las convocadas para integrarse a la nueva administración. Igual, Rosario Robles.

García Medina rechazó integrarse al gabinete foxista y también declinó la carrera diplomática. Desde abajo hizo que su nominación a la gubernatura de Zacatecas fuera inevitable, incluso para Ricardo Monreal.

Al paso de 15 años, la expresidenta del PRD volvió a declinar las ofertas de un panista. Esta vez, Alejandra Barrales le ofreció sumarse a la campaña y encabezar la fórmula frentista en Zacatecas. Amalia era secretaria del Trabajo en el GDF y dejó que fuera Miguel Ángel Mancera quien le marcara una ruta.

Apenas el pasado fin de semana, decidió poner fin a 29 años de militancia en el sol azteca. Su respaldo público a Claudia Sheinbaum y las expresiones derrotistas de Vladimir García, presidente de Foro Nuevo Sol (la corriente fundada por Amalia), eran signos ominosos. Pero en su misiva, claramente desaprobó la postulación de Ricardo Anaya como candidato frentista, ya que fue uno de los principales responsables de la aprobación de la reforma energética.

La renuncia de la exgobernadora de Zacatecas llegó muy temprano, el pasado viernes 22, a la oficina del presidente nacional del sol azteca, Manuel Granados Covarrubias. Su tono —afectuoso y comedido— revela la relación de respeto entre ambos, excompañeros en el gobierno capitalino (ella, titular de la Secretaría del Trabajo y él, consejero jurídico y de gobierno y exlíder de la Asamblea Legislativa), quienes sacrificaron sus proyectos personales por la causa mancerista.

En efecto, Granados buscó la candidatura a jefe de Gobierno y García estuvo en la terna para encabezar la candidatura frentista al Senado de la República en su estado natal. Ambos esperaban que Miguel Ángel Mancera fuera candidato presidencial gracias a su propuesta de construir un gobierno de coalición, pero erraron el cálculo.

“Los objetivos y valores que le dieron autoridad y cohesión al PRD se han desdibujado, siendo sustituidos por intereses que tienen que ver con el beneficio personal”, lamentó García Medina en su carta de despedida, “el gran debate de ideas que constituía una de sus fortalezcas ha sido sustituido totalmente por acuerdo para el reparto de cuotas. Y las figuras emblemáticas de la intelectualidad democrática —fundadores como Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Pablo Gómez y muchos militantes más, representantes de las causas de la sociedad— se han separado decepcionados o han sido echados a un lado”.

Amalia, Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y Pablo Gómez forman parte de los liderazgos históricos de la izquierda que encarnan el nacionalismo revolucionario y la defensa de la soberanía, junto con Cárdenas y AMLO.

Con tres décadas a cuestas, el PRD es un partido sin líderes. A excepción de aquellos respaldados por Nueva Izquierda, los expresidentes nacionales ya no están en la formación izquierdista. Tampoco los gobernadores que llevó al poder desde 1997, cuando AMLO y Cárdenas ganaron el GDF.

Los perredistas perciben al partido como una organización débil, que se ha convertido en parte del sistema y ha dejado de abanderar la lucha por las causas sociales.

“Actualmente el PRD es visto como parte de la historia de la izquierda en México”, revela una evaluación de opinión pública recientemente presentada por las firmas Evidens y Auguro Consultores. “Hoy se percibe diluido e incongruente con los principios y con lo que el mexicano considera que debe ser la izquierda mexicana”.

El PRD —subraya el estudio, conducido por la consultora Giselle Perezblas— es la izquierda pasada, mientras que Morena capitaliza el concepto actual. En el futuro, sugiere, puede surgir una nueva formación con esta ideología, al margen de ambos partidos.

¿El PRD se transformará en la Nueva Izquierda o viceversa? El bloque encabezado por Jesús Ortega y Jesús Zambrano dominó la burocracia partidista durante una década, pero ahora está en colisión con Alternativa Democrática Nacional, tribu surgida en Guerrero y Oaxaca que construyó su bastión en la zona oriente del Estado de México y que aliada con Ricardo Gallardo en San Luis Potosí podrían convertirse en el nuevo polo hegemónico en el sol azteca.

ADN tendría sus bastiones en tierras potosinas y en ciudad Nezahualcóyotl, donde más de 20 mil perredistas acudieron al cierre de campaña de Juan Zepeda, candidato al Senado, y Juan Hugo de la Rosa, quien busca reelegirse como alcalde de ese populoso municipio. Ambos abanderados omitieron aludir a Ricardo Anaya o al Frente por México.  Mientras, el PRD va en caída libre en la Ciudad de México. Héctor Serrano nuevamente quedará mal con Mancera.

  1. ¿Y el plan de salud?

    A 15 años de su instauración, el Seguro Popular podría convertirse en el único programa del gobierno federal que trascenderá las siglas partidistas. Concebido por los técnicos de Julio Frenk pero implementado a trompicones durante el foxismo por el actuario José Antonio Fernández Ortiz, este nuevo modelo de atención vivió una segunda época durante el sexenio calderonista.

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  2. Los antipejistas

    El estruendo de la contienda electoral justificaría algunas iniciativas que —animadas por un “espíritu de cuerpo”— pusieron a Andrés Manuel López Obrador en la mira. Allí está, por ejemplo, el esfuerzo del Chícharo, que vía Whatsapp dispersó memes, instrucciones y mensajes antipejistas entre 25 mil operadores priistas.

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