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La próxima semana, la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) deberá tomar una decisión de política monetaria, tal como está previsto en su calendario anual.

El consenso habla de un nuevo aumento en el costo del dinero para alcanzar un piso de 2% en la tasa de interés interbancaria. Un incremento largamente cantado en los mercados.

No hay muchas dudas de que el próximo miércoles al medio día se anunciará este incremento de un cuarto de punto. No hacerlo sería la noticia que podría turbar a los mercados.

El punto es que con ese incremento la tasa de interés de referencia habrá alcanzado la neutralidad, el punto de equilibrio entre lo que la Fed tiene como meta inflacionaria y el rendimiento base de invertir en dólares.

Por eso es que, más allá de confirmar el alza, lo que sigue es conocer el discurso que a partir de ahora seguirán los integrantes del Comité de Mercado Abierto (FOMC, por su sigla en inglés), claramente en voz del presidente de la Fed, Jerome Powell.

La reunión del martes y miércoles de la próxima semana arrojará un comunicado de política monetaria, además de que está contemplada una conferencia de prensa de Powell, donde habrá que descifrar el camino a seguir por la autoridad una vez alcanzado este punto.

La economía de Estados Unidos está en franca expansión, pero al mismo tiempo tienen a un presidente que se ha metido en una guerra comercial, literalmente con el mundo.

Las estimaciones hablan de un efecto negativo en el crecimiento del Producto Interno Bruto mundial, con especial afectación de la economía estadounidense.

Importaciones que se encarecen desatan la inflación al tiempo que la baja en la dinámica exportadora ralentiza el crecimiento. Es una posibilidad.

Un mensaje de mantenerse a la expectativa para reaccionar puede provocar que la influencia de la política monetaria estadounidense pierda fuerza ante la presión de los mercados, que es capaz de mover las tasas de interés de otros tantos instrumentos financieros.

Mantener una política de incremento en el costo del dinero ante la tendencia de crecimiento económico no sólo haría enojar al presidente Donald Trump, sino que podría ser un factor de freno en la expansión.

Decretar el fin de los incrementos y ponerse como paloma en el balcón a contemplar el desempeño económico puede provocar una reacción tardía, si es la inflación el principal resultado de las guerras comerciales.

Lo primero que debe cuidar cualquier banco central es su hegemonía en el destino monetario, no permitir que por ninguna razón el mercado se ponga a dictar la política de las tasas de interés de facto.

Ya vimos en semanas previas cómo la presión en el mercado de dinero movió la tasa efectiva de la Reserva Federal, más allá de la frontera marcada por el FOMC. Entonces, los banqueros centrales deben cuidar esos límites y de paso su propia influencia.

Así que hay que poner mucha atención a las palabras más que al número en la siguiente toma de decisión de política monetaria de la Fed de la próxima semana.