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Se discute cuál régimen político se está implantando en México. Quiero unirme a esa discusión.

Empecemos por reconocer que estamos frente a un animal que ya no puede llamarse democrático.

Creo que es un buen punto de partida: importa darle un nombre al nuevo animal, pero importa reconocer de entrada su corazón autoritario.

Dicho esto, hay que tratar de pensar en el tipo de animal autoritario que es, describirlo, entender hacia dónde se dirige, cuáles son sus apetitos y sus reglas, sus fuerzas, sus debilidades.

La primera y más repetida descripción que se oye sobre el nuevo animal es que no es nuevo, sino que lo conocemos bien, pues se trata de un clavado de regreso al viejo PRI. Según esta idea, estaríamos rumbo a la restauración del PRI-gobierno del siglo pasado, el PRI de la “dictadura perfecta”, del presidencialismo metaconstitucional, tal como lo definió Jorge Carpizo.

Aquel presidencialismo no obtenía sus enormes poderes sólo de la Constitución, sino también de su mando sobre un partido político hegemónico, invencible en las urnas por sus trampas, lo cual le daba al presidente un poder casi total sobre la clase política a su servicio, pues era él quien decidía quiénes iban al Congreso, a los gobiernos estatales, al Poder Judicial, a la Suprema Corte. Y quién era Su Sucesor.

Hubo un solo límite institucional, sostenido setenta años, a estos poderes dictatoriales: el presidente no podía reelegirse.

Debía entregar cada seis años sus enormes poderes al sucesor, que empezaba su propia “monarquía sexenal” (Cosío Villegas dixit), con un pago de marcha para los que se iban: podían llevarse todo lo ganado en los años de gracia de su sexenio. Así, cada seis años, había una salvaje “circulación de las élites”, una forma sexenal de “democracia bárbara”, como la llamó José Revueltas.

Creo que el nuevo animal autoritario que camina por México no es el PRI que conocimos. Es algo peor.

Peor en autoritarismo, en corrupción, en ineficiencia, en impunidad. Y en facultades constitucionales.

Para empezar: Morena ha constitucionalizado su autoritarismo, cosa que nunca hizo el PRI.