Minuto a Minuto

Internacional Bannon, Epstein y sus conspiraciones “vaticanas”: “Derribaremos a Francisco”
Jeffrey Epstein planeaba financiar organizaciones católicas para incursionar en el Vaticano con la intención de deponer al papa Francisco
Nacional ONG organizan Congreso de las Familias para abordar el reto de los divorcios en México
El INEGI registró que la tasa nacional se situó en 1.86 divorcios por cada mil habitantes adultos, con entidades como Nuevo León
Internacional Aumento de la migración en EE.UU. no aumenta la violencia, según estudio universitario
La Universidad de Cincinnati señaló que no hay evidencia de que el aumento de la inmigración incremente los tiroteos de pandillas, mortales o no
Economía y Finanzas BBVA ve viable el plan de inversiones de México, pero pide certeza y ejecución impecable
El director de BBVA México afirmó que el plan tiene un buen diagnóstico, pero subrayó que la clave será su correcta ejecución
Deportes Embajada de México en Uruguay ‘madruga’ a Cruz Azul: Anuncia a Christian Ebere como refuerzo cementero
La Embajada de México en Uruguay se adelantó al anuncio de Cruz Azul y confirmó al nigeriano Christian Ebere como refuerzo cementero

En los escasos desfiles triunfales que concedía Roma a sus emperadores tras el triunfo en una gran guerra, a la espalda del homenajeado, que iba enhiesto sobre una cuadriga, un esclavo mantenía en alto una corona de laureles entrecruzados y tenía que repetirle una letanía en el oído:

Respice post te! Hominem te ese memento! (¡Mira atrás y recuerda que sólo eres un hombre!) Memento mori, memento mori(Recuerda que vas a morir, recuerda que vas a morir).

Lo describe con pegajosa maestría Santiago Posteguillo en “La trilogía de Escipión”, un best seller que puso de moda entre los políticos en este sexenio el presidente Peña, una lectura favorita suya, sobre todo por la tesis de evitar que “Roma cayera en manos de los que representaban valores opuestos”.

Al releer sobre aquellos escasos desfiles triunfales que concedía Roma a sus emperadores tras el triunfo en una gran guerra, resulta alentador que el presidente electo abogue por la “reconciliación” y prometa defender y ampliar las libertades individuales y sociales, y respetar las instituciones.

Es alentador, porque el presidente electo se convirtió antier en el más votado de la democracia mexicana y hasta en un caso singular en el mundo actual: los ciudadanos le entregaron, a través de las urnas, el poder político absoluto que otros que se vieron obligados a arrebatarlo por la fuerza.

En un presidente electo que no tendrá contrapesos legislativos de la oposición, y que los partidos contrarios al suyo son apenas cascarones, es maravilloso escucharle prometer que hará “cambios profundos”, pero aún siendo “profundos” serán siempre dentro de la Constitución y las leyes.

Sobre todo, en un presidente electo con una altísima autoestima, descrita de manera brillante en NYT este fin de semana por el narrador venezolano Alberto Barrera Tyszka, auto de “Hugo Chávez sin uniforme: una historia personal” (Editorial Debate; 2005):

AMLO no cree que los mexicanos votarán para que él cambie algunas cosas y administre mejor el Estado durante seis años. No. Él se siente convocado a una tarea más épica. Cree que lo van a elegir para que haga la “cuarta revolución”, para que transforme la historia. Lo que sigue todavía es más peligroso: AMLO, al igual que Chávez, vende la tentadora y suicida promesa de que realizar esta transformación es muy fácil. Que es una faena que, además, está irremediablemente ligada a su persona, a su buena voluntad. Es un ejercicio egocéntrico que pretende sustituir la política con magia, que supone por ejemplo que, aunque esté rodeado de corruptos, la sola presencia de AMLO en la presidencia garantizará que no habrá corrupción durante su mandato. Esos espejismos sirven para ganar elecciones pero no para gobernar.

Ese hombre se encuentra en su desfile triunfal.