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          Fue un mal estreno para Montiel, donde sobreestimó su convocatoria y subestimó la respuesta de aquel gobierno y falló la logística

Trump ha puesto a México en su agenda de triunfos rápidos. Tiene tres golpes anunciados:

1. Reiniciar la construcción del muro que empezó a levantar Clinton en los 90, pero ahora pagado por México.

2. Acelerar la deportación de migrantes mexicanos indocumentados, empezando por los que han cometido delitos, hasta llegar a la cifra de “2 o 3 millones”. (Obama deportó 2.6 millones en ocho años. Trump tiene cuatro años para deportar “2 o 3”).

3. Renegociar el Nafta o salirse de él, amenazando mientras tanto con impuestos especiales a empresas estadunidenses, o alemanas, o japonesas, que inviertan en México.

El daño de estos golpes anunciados ha sido ya muy alto para México en suspensión de inversiones, devaluación de la moneda y certidumbre, más que incertidumbre, de que México será un riesgo más que una oportunidad de inversión mientras dure la hostilidad de Trump.

México puede salir más rápido de la (in)certidumbre pintando su raya sin temor ante Trump, al tiempo que amplía la negociación a otros puntos fundamentales de la relación.

La semana pasada, en su reunión con embajadores, el presidente Peña Nieto dio dos pasos en ese camino. Dijo por segunda vez que México no pagará el muro, respondiendo ahora al presidente electo de Estados Unidos, que ese mismo día había dicho lo contrario. Peña señaló también que México negociará la relación con Estados Unidos en paquete y no por pedacitos. Tiene razón.

Si se mira en conjunto, la relación de México con Estados Unidos parece históricamente irreversible y geopolíticamente profunda. Por el contrario, si se juzga pedazo a pedazo, es penosamente asimétrica, cuando no clandestina o ilegal. Pienso en los pedazos de la guerra contra las drogas o de la contención mexicana de la migración centroamericana.

México ha sido un vecino obsecuente en cosas que ni allá ni acá se suelen mencionar. Ponerlas en la mesa con claridad será una manera de plantear bien la negociación no solo con Trump, sino con la realidad presente y futura de los dos países, que han resultado especialistas en hacerse tontos respecto del otro cuando hablan públicamente de la compleja agenda que los une.

Mañana, algo sobre esta agenda.

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