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“La evasión del Chapo Guzmán se dio porque estaban creadas todas las condiciones para que se diera”, escribe Raymundo Riva Palacio en el prólogo de su libro La segunda fuga del Chapo (Grijalbo, noviembre 2015).

Riva Palacio despliega en 133 páginas lo que termina siendo la crónica de un desastre, el reportaje sobre el fracaso del gobierno del presidente Peña Nieto y el secretario Osorio Chong en materia penitenciaria, y en seguridad pública. No es un libro que busque competir en hallazgos geniales sobre el hoyo de la regadera, el túnel fantástico y las claves cuasi mágicas del Chapo para escapar del Altiplano. Es una crítica implacable de los desaciertos del gobierno federal en estos tres años.

El autor viaja por el desmantelamiento sistemático de la seguridad en los penales. La fuga del Chapo, acaso, habría exhibido “el desastre del diseño institucional que escogieron y la frivolidad con la que actuaron”.

Sustentado en varias de las columnas que ha escrito, Riva Palacio traza con solvencia los fatídicos resultados del proyecto que erradicó, como si de la peste bubónica se tratara, la obra del secretario de Seguridad Pública en el gobierno de Felipe Calderón, Genaro García Luna. De entrada, el diseño Peña Nieto-Osorio Chong devolvió la seguridad pública a la Secretaría de Gobernación, dando vida así al “monstruo de Bucareli, sin precedentes ni contrapesos institucionales”.

Pero no sólo eso. Desmantelaron la Plataforma México, “admirada en el mundo, que había dado vida al Sistema Único de Información Criminal y sus más de 400 millones de registros”. Borraron a la joven generación de especialistas de alto grado académico de la Policía Federal. Desaparecieron las unidades operativas de la Policía Federal, “las tácticas y las de inteligencia, y se reubicó a sus miembros en distintas tareas, con lo cual una de las áreas de los cuerpos de élite de las fuerzas de seguridad entró en vías de extinción”.

Más: se distendió la disciplina en el sistema penitenciario, se cerró la academia y canceló el reclutamiento de personal. La joya de los errores, según Riva Palacio, fue el nombramiento por popularidad, no por méritos, del comisionado nacional de Seguridad, Manuel Mondragón, con quien es particularmente severo: “Bajo su administración, la clasificación altamente sofisticada que había en los penales de máxima seguridad se borró”.

Con ese enfoque, repasa también la embestida del gobierno para anular las notas de violencia en los medios electrónicos, a un caótico e inepto Cisen, la aventura paramilitar en Michoacán, el riesgo en que se ha colocado al Ejército, en fin. Qué enorme razón tenía Georges Braque cuando escribió que la verdad existe, pues sólo lo falso tiene que ser inventado.

Enhorabuena por este reportaje, esencial para medir el pulso del primer trienio peñista.

MENOS DE 140. Elba Esther Gordillo ingresará hoy, mañana, a un hospital privado. Y ya no saldrá, al menos durante algunas semanas.

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