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El mar también es cruel

laura garza

Laura GarzaEnfoque Manual

La frontera europea tan atestiguante de las crisis migratorias, actúan igual o peor. Lo vemos en esta foto del fotoperiodista Reduan

Nadar en el mar como un acto de liberación, de profunda extracción de la realidad cotidiana con el más claro objetivo que dejarse llevar por el vaivén de las olas y el horizonte infinito.

El mar como un elemento de paz y descanso, al menos porque así lo hemos registrado de este lado del mundo occidental, en donde acudir a él es por razones de placer, de manera puntual un par de veces en el año y nada más.

Eso desde nuestra perspectiva, en donde con nuestros montones de problemas sociales y económicos, nos resguardamos bajo un sistema que nos ha llevado a ser un país de oportunidades, no de las que quisiéramos, pero las tenemos y podemos ofrecerlas.

México, un país tan lejos de los conflictos humanitarios de quienes cruzan un mar entero para salvarse y tan cerca de quienes usan nuestro territorio como un puente hacia la vida soñada que un país como el de Estados Unidos pareciera ofrecerles.

Hablar del mar y pensar en las múltiples historias que atestigua, me lleva a recordar aquella novela que todos leímos en nuestra infancia, escrita por Ernest Hemingway “El Viejo y el mar”.

“El mar es dulce y hermoso, pero puede ser cruel”, una línea escrita dentro de sus 127 páginas y que se me viene a la mente como una especie de alusión a lo que más de 8mil personas están enfrentando en el enclave español de Ceuta.

Como una oleada interminable, están llegando hombres y mujeres provenientes de Marruecos al territorio español. Todos con el agotamiento de haber permanecido en el mar durante días, con el rostro apagado, algunos con una mínima respiración, otros hambrientos y desesperados, unos más con un poderoso golpe de energía que lo detonan a la hora de pisar la arena y corren desesperados por atravesar y burlar al ejército español, hasta que caen desmoronados.

La mayoría son hombres, muchos de ellos jóvenes y mejores de edad, con flotadores o sin ellos tuvieron la suerte de mantenerse vivos, aunque su destino no terminara siendo el que ellos querían.

Los que llegan son rechazados y muchos de ellos golpeados y maltratados por las fuerzas de seguridad y el ejército español, leer en los medios sobre el “presunto” uso de violencia es solo una burla para el mundo entero ante lo que vemos gracias a la cobertura mediática de los medios y las agencias internacionales que se encuentran de frente a la realidad.

Los golpean, los patean, los cargan como si fueran bultos, y los maltratan como si fueran enemigos. Los videos que han sido transmitidos son dolorosos, es la mezcla del sonido del mar con los gritos desesperados de quienes no hablan el mismo idioma y piden dos cosas: comer y una oportunidad para tener una nueva vida.

Conforme pasa el tiempo, uno creería que la historia y los avances en la humanidad, nos colocarían en un escenario más fraterno y abierto a ofrecer la posibilidad de vivir mejor, a quien sea, del color y del origen que sea, pero todo sucede de manera contraria, pues los políticos aprueban medidas recelosas de su territorio y abusivas por el poderío de su ejército.

La frontera europea tan atestiguante de las crisis migratorias, actúan igual o peor. Lo vemos en esta foto del fotoperiodista Reduan, quien capta cómo los miembros del ejército de tierra trasladan, cargan y sostienen a un migrante que logró cruzar uno de los espigones fronterizos de Ceuta.

La foto no necesita mayor descripción, pero si no lo alcanza a ver, yo le ayudo ver esta escena con la absoluta intención de mirar entre líneas, fronteras y colores.

Tenemos de frente a cinco miembros del ejército y de la fuerza de seguridad que rodea la frontera; cuatro de ellos sostiene una extremidad del hombre que recién ha dejado el mar , con el sol permeado en su piel, con su paladar seco, sus ojos agotados, su cuerpo echo polvo, su grito que se escucha solo por su extenuante desesperación, porque si lo dejaran caer, perdería en cuestión de segundos la fuerza de su voz.

En el video se ve, que quiere dar batalla, pero no alcanza a coordinar ni a encontrar la fuerza necesaria para escapar de esos cinco desconocidos que lo tratan como una rémora.

Cuatro hombres, una mujer y solo ella es capaz de verle el rostro, quizá porque le es un tanto pesado cargarlo o porque sí cree que lo que hace, no es necesario.

El abuso de poder, de exclusión y de fuerza en una sola imagen.

Las víctimas, los que se juegan la vida, están huyendo de conflictos o problemas económicos, se la juegan y apuestan todo cuando en realidad no tienen nada. Quieren ser refugiados y buscan una sola oportunidad.

Como todo conflicto o crisis, guarda una historia y una provocación, todas conllevadas a temas de poderío y territorio. Esto que vemos no es nuevo, entre los marroquíes, el Sahara Occidental y España hay un reino por el cual se mantuvieron choques armados.

Esto que vemos es una vil crisis que nos pone en evidencia que, como humanidad, no hemos avanzado nada y seguimos creyendo que quién es más fuerte, es quién tiene la razón.

Resulta que el mar, quien funge como una vía de escape, también suele ser cruel.

Crédito: fotoperiodista Reduan.
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