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Está a la venta en librerías El licenciado –García Luna, Calderón y el narco– escrito por el periodista J. Jesús Lemus para la editorial Harper Collins México, S.A. de C.V. El licenciado debe su nombre al hecho de que en el mundo del narcotráfico así era conocido el ingeniero Genaro García Luna.

El autor, J. Jesús Lemus Barajas, fue director y reportero del diario El Tiempo en La Piedad, Michoacán. Durante el 2008 publicó varias notas que no fueron del agrado del alcalde de dicha población quien suspendió la publicidad oficial en ese periódico. “No te pago para que me pegues”, diría el clásico.

Pero los molestos comentarios de Lemus no sólo eran dirigidos al gobierno municipal; también su periodismo crítico tuvo como blanco los gobiernos estatal y federal. “La última publicación fuerte que realicé –escribió el autor en el primer capítulo de su libro Los Malditos de la editorial Random House Mondatori, S.A. de C.V.– giraba en torno a una averiguación previa sobre pederastia iniciada en la Procuraduría General de Justicia del Estado de Michoacán, en la que se incriminaba a distinguidos políticos locales”.

Traicionado por un comandante de la Policía Ministerial de Guanajuato. Fue detenido y sometido a tortura con la pretensión que se declarara culpable de delitos inventados. Luego de 48 horas de dolorosos tormentos que le hicieron perder el sentido varias veces, Lemus apareció en los separos de la cárcel de Puentecillas, en Guanajuato capital. Veinte días después fue trasladado para su reclusión al Centro Federal de Readaptación Social Número 2 de Occidente, en Puente Grande, Jalisco, donde permaneció preso, sin ser juzgado por algún delito, tres años y cinco días. Mil cien días en prisión por una venganza que jamás supo de dónde provenía pero de la que no fue ajeno el gobierno federal.

En esa prisión convivió con personajes de la delincuencia organizada, algunos de ellos, para bien o para mal, conocieron a García Luna, tal es el caso de Sergio Enrique Villarreal Barragán, el Grande, jefe de sicarios de Arturo Beltrán Leyva, el Barbas. El Grande estaba de paso en Puente Grande en espera de ser extraditado a Estados Unidos donde sería testigo protegido. Vecinos de celdas, en las largas noches de prisión, el Grande le contó a Lemus y a quien lo oyera, historias como la de que su jefe Ismael Zambada el Mayo –en aquel entonces socios en el trasiego de droga– le encomendaron contactar y hacer un trato con el licenciado García Luna, cuando era coordinador de la AFI. Un hermano de el Grande estaba casado con la hermana del entonces alcalde de Torreón, Guillermo Anaya; a través de éste, Villarreal Barragán contactó al licenciado.

En un restaurante del todavía Distrito Federal, en abril del 2004, se reunieron García Luna y el Grande. Sin mucho batallar llegaron a un arreglo. Para proteger al Cártel del Pacífico, el licenciado pidió 500 mil dólares cada mes para distribuirlos entre los elementos de la AFI y 150 mil dólares mensuales para él. El Grande le regateó los 500 mil de su personal. Quedaron en 250 mil dólares mensuales. Además pactaron el intercambio de información referente a operativos del Ejército y la Marina, y órdenes de aprehensión emitidas contra miembros del cártel, por parte de García Luna; y avisos del cártel sobre falsas maniobras de su organización o verdaderas de sus enemigos para asestar, cuando menos una vez al mes, un golpe al narcotráfico con decomiso de drogas y armas.

Las partes cumplieron con lo convenido. Cada mes en una maleta deportiva de la marca Adidas, un enviado de el Grande le llevaba 400 mil dólares al licenciado García Luna. La maleta se entregaba cerca del Monumento a la Revolución o en Paseo de la Reforma frente a la Embajada de Estados Unidos, el encargado de hacer la entrega era Edgar Valdez Villarreal, alias la Barbie. (continuará)