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Todos hemos ganado con los triunfos de la selección mexicana en este Mundial de Fútbol.

Con la excepción de Clara Brugada, que ha sumado una larga cadena de errores, omisiones, presuntas corrupciones, pintadas absurdas y, desafortunadamente, también muertes.

Su excepcional falta de capacidad para organizar, para prever, controlar la descalifica absolutamente como gobernante de la Ciudad de México. Las encuestas lo demuestran, pero sobre todo la opinión pública.

No importa quiénes o cuántos votaron por ella, se equivocaron.

Asustada, justificadamente asustada por la reacción de rechazo popular, no se ha presentado a ningún evento masivo. Tampoco los ha organizado, ni ha logrado poner orden.

La muerte, por asfixia, de tres personas durante el festejo por el triunfo con la selección de Ecuador, pudo evitarse. Igual que todos los desmanes que se han vivido en estos festejos. Su populismo trasnochado ha probado ser totalmente ineficiente, y peligrosamente dañino para millones de habitantes de la CDMX.

Las renovaciones del Metro únicamente mostraron el lado más naco, más aspiracionista de la señora Brugada, que debe pensar que comprar en Galerías en Triunfo es un éxito social. Los festejos en el Zócalo demostraron su incapacidad para entender a quienes habitan la CDMX, para organizar un evento de manera segura. La absurda imposición de una supuesta “ley seca” no respetada, los cierres de transporte público en sus rutas por la zona del Estadio, todo suma en su contra.

Sin mencionar, más que importante, las inundaciones que demuestran los años de olvido, de omisiones, de su gobierno y de los gobiernos de sus antecesores.

Junto con la alegría por el triunfo de la selección mexicana, los capitalinos han padecido este Mundial de Fútbol desde todas las clases sociales. No ha sido bueno, mejor, positivo para ninguno. Las pintadas absurdas, morado sobre amarillo y después amarillo sobre morado otra vez, demuestran que el gobierno de Clara Brugada solamente tiene imaginación, capacidad para temas que implican gastos innecesarios y levantan todas las sospechas de corrupción.

Lo más grave son las muertes de tres personas en un festejo. Aplastadas, asfixiadas, por la falta de control, de previsión de las autoridades que, simplemente, dejaron todos los festejos al “ahí se va”, que no establecieron reglas para esa previsible multitudinaria asistencia a Reforma, al Zócalo, al centro de la Ciudad, al Ángel, a todos los lugares donde millones de mexicanos acuden a celebrar los triunfos del fútbol.

Los mexicanos somos expertos en manejos de multitudes. Las visitas de dos Papas lo han demostrado. Quien no sabe, no puede, no quiere hacer su trabajo es la señora Brugada.

En el gobierno de la CDMX debería existir la figura de revocación de mandato para poder quitarla, resulta casi imposible que cualquier sustituto lo hiciera peor.

La muerte, que pudo evitarse, de tres personas no puede ignorarse. Hay una responsable, como hay una responsable de todo lo que está mal, muy mal en la CDMX, y se llama Clara Brugada.