El hospital de Jesús, su templo y los restos de Hernán Cortés


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Enrique Ortiz GarcíaTlahtoani Cuauhtemoc

Uno de los pocos edificios ubicados en la Ciudad de México del siglo XVI que permanecen casi intactos y con pocas alteraciones, al menos en su interior


Por Enrique Ortiz

Pocos capitalinos detenemos nuestros pasos para disfrutar de nuestra ciudad, nuestras casonas y museos debido al incesante y acelerado ritmo de vida que llevamos. Caminamos diariamente avenidas que tienen siglos de existir, o palacios de tezontle rojo y cantera rosada donde vivieron grandes personajes y se dieron grandes hechos.

Uno de estos lugares es el famoso Hospital de Jesús, uno de los pocos edificios ubicados en la Ciudad de México del siglo XVI que permanecen casi intactos y con pocas alteraciones al menos en su interior. También resistió la gran inundación de 1629 que tuvo bajo el agua a la ciudad hasta 1634.

Fundado en 1524 por el propio Hernán Cortés en un lugar llamado Huitzilac, que significa en náhuatl “paraje de los colibríes”, espacio ubicado a un costado de la calzada prehispánica de Mexihco-Ixtapallapan (Pino Suárez actualmente), una de las más antiguas de toda América. El conquistador eligió este predio para que nunca cayera en el olvido el lugar donde se había encontrado por primera vez con el gobernante de Tenochtitlán, el Huey Tlahtoani Motecuhzoma Xocoyotzin un 8 de Noviembre de 1519.

Escalera monumental del Hospital de Jesús, siglo XVI

Dicho hospital permaneció intacto hasta que en 1934, con motivo de la ampliación y creación de Av. 20 de Noviembre, el patronato aprobó la construcción de un edificio de cinco pisos de alto proyectado por el gran arquitecto José Villagrán.

A pesar de que el edificio novohispano del siglo XVI quedó “escondido” entre el concreto y el cristal, su disposición original fue respetada. Este magnífico espacio fue diseñado a semejanza del Hospital de las Cinco Llagas en Sevilla, España, y como comenté previamente, tiene dos patios, uno para hombres y otro para mujeres, con sus respectivas fuentes rodeadas de arcos de medio punto con columnas toscanas.

Se sabe que el doctor Pedro López, sevillano que acompañó a Cortés durante el trágico viaje a las Hibueras (Honduras), fue quien proyectó y supervisó la construcción. Cabe mencionar que fue también el primer médico titulado que llegó a la Nueva España en 1520.

En aquellos años, los hospitales eran lugares apacibles donde había alimentos y agua de buena calidad, así como disponibilidad de aire fresco sin humores con mal olor. En estos espacios era esencial la existencia de una parroquia o iglesia donde los enfermos pudiera orar y rezar por su sanación. El Hospital de Jesús contaba con la parroquia de la Santa Escuela, la cual fue construida al mismo tiempo que el sanatorio mientras se concretaba la construcción de una iglesia de mayores proporciones.

Lleva este nombre debido a que fue de los primeros lugares donde se les enseñó castellano a la población indígena. También fue famoso porque a este lugar acudían los esclavos fugitivos, quienes eran apoyados por el párroco para obtener su libertad o facilitarles los recursos para fugarse.

Bajo los techos de vigería de este hospital caminaron grandes personajes de la historia novohispana y mexicana, muchos de ellos grandes hombres que, por medio de la medicina, dotaron de esperanza y salud a la población que vivía en la capital de la Nueva España.

Importante es mencionar que su primer director fue el fraile mercedario Fray Bartolomé de Olmedo, quien junto con el capellán personal de Cortés, Juan Díaz, fueron los primeros religiosos en adentrarse en lo que ahora es el actual territorio de México. Fray Bartolomé vivió la muerte de Motecuhzoma, la peor derrota española durante todas las guerras de conquista de América: La Noche Triste, e incluso el sitio de Tenochtitlán, salvando la vida y llegando a dirigir esta importante institución que lleva 489 años de funcionar. Es uno de los diez hospitales más antiguos que siguen funcionando a nivel mundial.

Hospital de Jesús a inicios de los años 40. Foto de El Universal

Ahora platiquemos del templo de la Purísima Concepción, el cual empezó a ser construido a partir de 1601, siendo terminado en el año de 1665. Su nombre original se modificó en 1662 al de iglesia de Jesús Nazareno, cuando se instaló en su interior una milagrosa representación de Cristo con la cruz sobre su espalda.

La razón este hecho se explica a través de una leyenda la cual nos dice que una indígena llamada Petronila Jerónima tuvo un sueño donde vio a Cristo llevando su cruz, quien le devolvió la mirada, solicitándole que buscara la forma de representar su imagen en el mundo de los hombres.

A pesar de que Petronila buscó y trabajó con diferentes artesanos y carpinteros, ninguno pudo recrear ni en boceto la esplendorosa visión que ella soñó con el mismo realismo. Un día visitaron su jacal un grupo de indígenas carpinteros que se enteraron que en dicho lugar buscaban trabajadores para realizaran una imagen de Cristo.

Petronila les comentó que tenía poco con que pagarles, aún así los indígenas aceptaron el encargo. Días después dejaron en su jacal una hermosa imagen de bulto de Cristo llevando su cruz como había sido descrita por Petronila.

Tal fue su alegría cuando vio la imagen, que brotaron lágrimas de su rostro, ya que la escultura era idéntica a la que había soñado. La indígena busco incansablemente al grupo de indígenas que había realizado la obra para pagarles y agradecerles, sin embargo a pesar de sus esfuerzos nunca los encontró.

Se dice que se trataron de ángeles que Cristo envió para realizar el milagro. Esta milagrosa imagen llegó a la iglesia de la Purísima Concepción por medio de una rifa en la cual participaron todos los templos de la Ciudad de México para obtener fondos económicos.

La antigua escultura aún sigue dentro de los muros del templo dentro de una vitrina, manteniendo su magnífica belleza de más de 300 años de antigüedad. Otro detalle digno de mencionar es que este templo ostenta la fachada que alguna vez decoró la primitiva catedral de la Ciudad de México, la llamada puerta del perdón. Fue realizada en 1585 para celebrar el Tercer Concilio Provincial Mexicano encabezado por el arzobispo-virrey Don Pedro Moyas de Contreras.

En la boveda del templo, la cual muestra cuarteaduras como consecuencia del sismo de septiembre del 2017, se encuentra una obra inconclusa del muralista José Clemente Orozco llamada “El apocalipsis”. La realizó entre 1942 y 1944 y en ella se representan las calamidades que azotaron el mundo durante la Segunda Guerra Mundial, llegando incluso a representar el mismo Anticristo.

Quizá el mayor tesoro que guarda este templo son los restos del conquistador Hernán Cortés, quien murió en Castilleja de la Cuesta, España, en 1547. Sus restos fueron exhumados e inhumados por lo menos en nueve ocasiones. De acuerdo a su testamento original, el conquistador dictó como su última morada un convento de monjas que se iba a construir a un costado de del templo de San Juan Bautista en Coyoacán; sin embargo, semanas antes de su fallecimiento, modificó su voluntad para ser enterrado en la capilla más cercana del lugar donde le alcanzara la muerte.

Hernán Cortés retratado por Cristopher Weiditz, siglo XVI

En 1567, sus restos llegaron a la Nueva España para ser depositados en un nicho a un costado del altar mayor del templo de San Francisco en Texcoco, mismo lugar donde fueron depositados los restos de su madre y de uno de sus hijos, quien murió al poco tiempo de haber nacido.

Después fueron trasladados a San Francisco el Grande en la Ciudad de México, donde reposaron 87 años más hasta que 1791 fueron llevados a la iglesia del Hospital de Jesús. Bajo el financiamiento del Virrey Revillagigedo, un gran admirador del conquistador, se realizó un monumento hecho de mármol de base rectangular que en la parte posterior tenía un obelisco de siete metros de alto.

El mismo Manuel Tolsá realizó un busto de Cortés que coronó el monumento. Para 1823 Lucas Alamán y el párroco de la iglesia tuvieron que deshacer apresuradamente el hermoso monumento debido a que durante los festejos del 16 de septiembre una turba enfurecida decidió que era momento de vengar la sangre indígena derramada durante la conquista quemando los restos de Hernán Cortés.

Por esta razón también se envió el busto realizado por Tolsá  a Nápoles, Italia, donde se encontraban los descendientes del Primer Marqués del Valle de Oaxaca, los Duques de Monteleone y Terranova apellidados Pignatelli.

Para evitar su destrucción, la urna de cristal con asas de plata que resguarda los restos del conquistador fue escondida debajo de la duela de madera del templo, hasta que años después fue introducida en un nicho sin nombre a un costado del altar mayor.

No sería hasta 24 de noviembre de 1946 que un grupo de historiadores e intelectuales del Colegio de México, entre ellos Francisco de la Maza, Edmundo O´Gorman y Alberto María Carreño, encontrarían los restos del celebre conquistador. Después de varios estudios que aclararon el misterio sobre su identidad, fueron colocados en el mismo nicho, el cual fue cubierto por una sencilla placa con el escudo de armas de Cortés, su fecha de nacimiento y muerte.

El nicho donde descansan los restos de Hernán Cortés, 1946. Foto de El Universal

Para finalizar este relato sobre la importancia del Hospital de Jesús y el Templo de Jesús Nazareno, me gustaría agregar que entre los directores del patronato han estado doctores como Gustavo Baz Prada y Benjamín Trillo Meza.

Actualmente quien dirige esta importante institución es el Dr. Julián Gascón, quien ha recibido el nombramiento de director del patronato en tres ocasiones: de 1962 a 1963, de 1977 a 1988 y de 1991 hasta el año en curso. Con mas de 92 años, aún se le ve dando consulta y atendiendo a sus pacientes con una gran sonrisa en su cara.

Enrique Ortiz García es un amante de la historia y cultura de México. Desde hace más de ocho años se ha dado la oportunidad de romper algunos de los mitos históricos de nuestro país develando verdades y dándolas a conocer a través de sus redes sociales que ya suman más de 200 mil seguidores. Conferencista, divulgador y cronista, ha colaborado en distintos espacios, entre los cuales destacan Ciudad TV, Unicable, El Foco de ADN 40, así como en varios sitios digitales como Proyecto 10, BuzzFeed y Huffington Post México. Cree firmemente que la historia debe ser tangible y cercana a la gente sin términos rebuscados o personajes acartonados. Su objetivo es reivindicar los valores que nos legaron las culturas originarias de estas tierras, así como los héroes que nos dieron patria. Finalmente, escribe un libro y  disfruta dar visitas guiadas los fines de semana por las calles del centro histórico de la Ciudad de México, espacios conventuales y en zonas arqueológicas.