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La institucionalización de la oficina presidencial ha sido un proceso accidentado y hoy vive su momento más bajo. El papel que desempeña esta instancia depende inexorablemente de los modos y formas de ejercicio del poder del presidente en turno. Una presidencia de perfil militante como la actual prescinde de toda mediación, sea la del gabinete o la de sus colaboradores inmediatos.

Son dos los aspectos que anticipan el término de esta forma de ejercer el poder, el perfil de la nueva presidenta y el entorno. Ambos apuntan a un mayor acento en el trato técnico de los asuntos públicos, sin desconocer que hay una voluntad mayoritaria e inequívoca hacia la continuidad. Para que este objetivo se concrete se requiere de un proceso de adaptación. Es necesario apreciar con nuevos ojos a la Presidencia.

El anuncio de quienes integrarán el gabinete y la oficina presidencial revelan un proceso de cambio. No es un punto de quiebre, más bien es un ejercicio de equilibrio que también anticipa que en un par de años habrá un ajuste de gabinete de acuerdo con las exigencias que imponga la realidad y también por la consolidación de la presidencia de Claudia Sheinbaum. La ruptura no está en el horizonte, aunque es evidente que sí una forma distinta de gobernar.

La inercia de un gabinete orientado a los resultados hace inevitable el fortalecimiento de la oficina presidencial. Así es porque si bien es cierto que el gobierno y la administración se dan a través del gabinete, la dirección política y la coordinación en función de las prioridades del proyecto político se generan en la Presidencia y precisamente para ello, es indispensable una manera institucional, práctica y probadamente eficaz para darle cohesión al equipo de gobierno y orientación al conjunto de las instituciones que la integran.

El entorno de inicio del gobierno es notoriamente distinto al de hace seis años, lo que significa no sólo un gabinete encausado a los resultados, también un ejercicio del poder presidencial consecuente a las necesidades que la realidad impone. Conciliar la política con una buena gestión de gobierno resultará indispensable, lo que anticipa la importancia de una nueva coordinación institucional como la que plantea la presidenta electa.