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La presidencia de Donald Trump acaba mañana. Se va señalado por haber exacerbado la polarización, minado la confianza en la democracia e incitado a la violencia. La toma del Capitolio es la estampa que definirá por siempre el fin de su gobierno.

Su salida no es asunto menor. Aunque el temor de Nancy Pelosi por el acceso del presidente a los códigos nucleares podría ser exagerado, el hecho es que, al dejar la Casa Blanca, su capacidad para causar daño estará mucho más limitada.

La responsabilidad sobre el desenlace del gobierno de Trump es múltiple. Los legisladores republicanos solaparon sus abusos y algunos medios se dedicaron a aclamarlo, mientras las redes sociales amplificaron sus mentiras y facilitaron la construcción de realidades alternativas.

Tuvo que ocurrir algo como el asalto al Capitolio para que algunos de esos legisladores se desmarcaran y las plataformas digitales suspendieran las cuentas del presidente.

Con todo, la era que Trump vino a simbolizar no ha terminado. Como dice Timothy Snyder, estudioso del fascismo, la mentira suele sobrevivir al mentiroso. Muchos de sus seguidores creen que los demócratas y otras fuerzas conspiraron en su contra, se robaron la elección y, con ello, “su” país.

Las encuestas evidencian la fractura de la sociedad norteamericana. Más de dos terceras partes de los electores republicanos sostienen la mentira del fraude y muchos no consideran grave lo del Capitolio.

Es tan fuerte la ruptura que, de acuerdo con la más reciente encuesta de CBS News, para la mayoría de los estadunidenses la principal amenaza al “American way of life” no proviene del extranjero, sino de adentro, de “otros americanos (sic)”.

Si las causas de esta división no se atienden, las fuerzas que impulsaron a Trump volverán a manifestarse. El reto es enorme pues involucra, cuando menos, una reforma electoral, una mejor regulación de las plataformas digitales y políticas públicas que abran oportunidades a los desplazados por la globalización y que atiendan las grandes desigualdades en el país.

Como dice el premio nobel Joseph Stiglitz, “Trump fue el hombre del momento… pero nadie puede dormir tranquilo si los problemas de fondo no son atendidos”.