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Es coincidencia mundial (con excepción de México y otros pocos países) que el dictador Maduro tiene que abandonar el poder en Venezuela: lo usurpó en elecciones en las que prohibió competir a la oposición y la vigilancia internacional.

Pero si el sátrapa cae como parte de una campaña de Estados Unidos y no como un movimiento cívico venezolano, sería una muy festejada victoria, pero momentánea, pues tendría graves consecuencias para las generaciones futuras de Venezuela.

De hecho, la única victoria del sátrapa hasta hoy es de sus maestros de La Habana, quienes colocaron en el debate la idea de que el dictador se defiende de una acción militar del imperialismo yanqui, y que nada tiene que ver con sus crímenes.

Los cubanos saben de qué hablan, pues los marines instalaron la democracia en Cuba en 1902, pero impidieron después que los cubanos fueran los únicos responsables de su destino.

Un error que repitió Washington en Irak, permaneciendo después de derrocar la dictadura sangrienta de Saddam en 2003, en su estrategia de controlar la puerta de entrada a Asia Central en el orden mundial previsto para el siglo XXI.

Algo parecido sucedió en 1898, cuando Estados Unidos ganó la primera guerra imperialista de la Era Moderna al destrozar en Santiago de Cuba la flota española del Almirante Cervera, e instaurar, cuatro años después la democracia, que duraría en la isla hasta 1947.

Cuba no solo debió a Estados Unidos la bondad de la democracia y el crecimiento económico: también la instalación de alcantarillados y hasta del transporte público, que empezó con wagons tirados por caballos, cuyo nombre los cubanos entendieron siempre como guaguas.

Y muchos marines murieron de fiebre amarilla al prestarse solidariamente a las pruebas del doctor cubano Carlos J. Finlay mientras descubría al mosquito Aedes Aegypti como el trasmisor de la fiebre amarilla. Finlay fue nominado siete veces al Premio Nobel.

Pero Cuba se enchufó fatalmente a Estados Unidos. El temor, o la vergüenza, ante intervenciones recurrentes (amparadas constitucionalmente de 1902-34 por la Enmienda Platt) marcaron el eje de la isla hasta el triunfo de la revolución castrista de 1959.

Bajo la égida de Estados Unidos, los cubanos nunca fueron totalmente libres, lo cual marcó, hasta hoy, el curso de sus vidas, pese a que llegaron a tener la renta por cabeza más alta de América Latina, con 550 dólares, y elecciones democráticas por medio siglo.

Las generaciones cubanas siguientes a la que sí entendió que Estados Unidos había hecho un bien llevándoles la democracia, nunca superaron el trauma de la intervención militar.

Lo mismo sucedería en la Venezuela del futuro si la democracia vuelve gracias a Estados Unidos…

Y no como un movimiento cívico venezolano.