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El presidente estadunidense Franklin D. Roosevelt fue el creador de la presidencia moderna. Sus premisas son válidas para todo régimen presidencial como es el nuestro. Este sistema tiene sus reglas, inercias y particularidades. Más allá de la complejidad que entraña, la presidencia moderna parte de una definición básica: se gobierna con el gabinete, se dirige o manda con los colaboradores inmediatos, el staff, utilizando la expresión anglosajona.

De ese entonces hasta hoy, hay que ver lo que ha sido en el país vecino la oficina presidencial y las áreas de apoyo para comprender y entender la transformación de la presidencia como el instrumento para ejercer el poder y cumplir con el mandato popular derivado de las urnas. Las tareas son complejas y por lo mismo los presidentes requieren de quienes les asistan en la organización de su oficina, agenda y, desde luego, las relevantes tareas de comunicación, coordinación del gabinete y otras de importancia como la relación con poderes, gobiernos locales, órganos autónomos y personas de relevancia en la vida económica, política y social.

Con el gabinete se gobierna y sus colaboradores, aunque subordinados del presidente, para ser funcionales deben cumplir una doble tarea, difícil y en ocasiones contradictoria: representar al presidente ante sus áreas de competencia y, viceversa, servir de vínculo o relación de los ámbitos a su responsabilidad con el presidente, especialmente en la formulación del programa de gobierno y su ejecución presupuestal.

En México, por el hiperpresidencialismo de una época, no se evolucionó al mismo ritmo y con la diversificación institucional que la realidad demandaba. No ha habido un desarrollo de la oficina presidencial y áreas de apoyo, con la singular excepción de la Coordinación Jurídica de la Presidencia creada hace más de dos décadas.

En su momento se creó la Secretaría de la Presidencia, que después evolucionó en la Secretaría de Programación y Presupuesto, que desapareció en los numerosos cambios de organización del gobierno y de la administración.

Ha sido el estilo de gobernar de cada mandatario lo que ha definido la relación entre el equipo inmediato y el gabinete. Esto ha significado que los presidentes designen subalternos o subsecretarios de su cercanía y afinidad y que los titulares no tengan todo el mando en las dependencias a su responsabilidad. De acuerdo a las prioridades de cada presidente es como se da este fenómeno. Un presidente con formación económica se inclinará por hacer del subsecretario responsable de la preparación del presupuesto uno de sus más próximos colaboradores.

La oficina presidencial tiene que ver con darle al presidente capacidad e instrumentos al gobernar. La idea es que la coordinación del gabinete tenga lugar desde esa unidad. Asimismo, tareas fundamentales como las de inteligencia, seguridad nacional, preparación del presupuesto y la relación con el Congreso tengan lugar en las áreas más próximas al jefe de Estado. La premisa es que el gabinete ejerce el gobierno, pero la dirección política viene del presidente y para ello requiere de tales unidades de apoyo.

Fue singular que al principio de su gobierno el presidente López Obrador decidiera que la oficina de la presidencia se ocupara esencialmente de la relación con el sector empresarial y el perfil del responsable correspondía a tal función. Sin embargo, las tareas que debe emprender dicha unidad son considerablemente mayores y más complejas y diversas.

Por tal consideración no debe sorprender que, en el curso de poco tiempo en el mandato, la Consejería Jurídica de la Presidencia emprendiera funciones más allá de su específica responsabilidad. Esto corresponde a la necesidad propia del gobierno de mantener estrecha coordinación y, en su caso, comunicación con los titulares de poderes, órganos legislativos, órganos autónomos, Fiscalía General de la República, además de realizar las importantes tareas propias del encargo, entre otras, preparar las iniciativas de ley y la representación legal del gobierno en controversias judiciales.

El gobierno del presidente López Obrador, a tres años de distancia del término de su gobierno, imprime un cambio importante. No se trata solo del relevo de personas, sino de su perfil político y la delegación de responsabilidad de las áreas inmediatas del Presidente hacia el gabinete, particularmente a la Secretaría de Gobernación.

La decisión va a contrapelo de la inercia de fortalecer las unidades inmediatas que asisten al Presidente y que, como señalamos, es la tendencia en la modernización de los regímenes presidenciales. Sin embargo, las formas y modos de ejercicio del poder presidencial permiten que la dirección del gobierno se ofrezca a través de la Secretaría de Gobernación.

El cambio requerirá del Presidente disciplina para entender los nuevos términos de la dirección política, lo que conlleva un trabajo cotidiano y permanente con su secretario de Gobernación a manera de que sea eficaz en la nueva circunstancia, particularmente por la proximidad del proceso sucesorio y no solo eso, para que el Presidente pueda cumplir a plenitud hasta el último momento con la responsabilidad que el voto ciudadano le confirió.

Liébano Sáenz

@liebano