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Hacienda no considera que la guerra entre EE.UU. e Irán vaya a modificar sus estimaciones de crecimiento económico en este año
Nacional Florencia Franco, la mujer que tomó el sol en una ventana de Palacio Nacional, renuncia a su cargo
Florencia Franco renunció a su cargo como directora de coordinación en la Secretaría de Hacienda tras hacerse viral
Internacional Trump dice que durante las próximas dos o tres semanas EE.UU. va a atacar Irán con “mucha fuerza”
"Los vamos a devolver a la Edad de Piedra, que es donde pertenecen", advirtió Trump sobre un nuevo ataque a Irán
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Nacional El general Juan José Gómez Ruiz asume como nuevo Comandante del Ejército Mexicano
Con este nombramiento, el General Gómez Ruiz tendrá la responsabilidad de supervisar la administración y desarrollo del Ejército Mexicano

A propósito del escándalo mediático de la película Romper el círculo basada en la novela de Colleen Hoover, traigo a la mesa la sempiterna pregunta que tanto lectores como amantes del cine se hacen: ¿es mejor el libro o la película? Para empezar, el discurso cinematográfico y el literario comparten una historia como hilo conductor pero son diferentes. La materia prima de la literatura es el lenguaje. El aspecto de los personajes y los lugares donde se desarrolla la novela recaen en la imaginación del lector. La esencia del discurso cinematográfico es la imagen. El director ha elegido cómo son los personajes y los dota de un elemento de poder: una banda sonora. Ambos discursos expresan un valor estético y una visión particular del mundo, cuentan la historia de manera distinta y se significan a sí mismos.

La novela El amante de Marguerite Duras narra la historia de una quinceañera francesa que vive en Indochina —su familia ha caído en la desgracia financiera—. La joven se hace amante de un acaudalado comerciante chino. La novela ganadora del Premio Goncourt fue llevada al cine magistralmente por el director Jean Jacques Annaud; las delicadas escenas eróticas muestran la transgresión de un amor impropio, la diferencia de edades, raza y posición social.

Matar a un ruiseñor, una novela de Harper Lee, ganó el premio Pulitzer de ficción en 1961 y fue adaptada al cine por el director Robert Mulligan con guion de Horton Foote. La historia se ubica en un pueblo de Alabama en tiempos de la Gran Depresión. Narrada por Scout Finch —una niña de ocho años— que vive con su hermano mayor Jem y su padre, Atticus —un abogado viudo—, profundiza en temas como la desigualdad racial, la violencia sexual y la integridad moral de los abogados. Harper Lee lloró al ver a Gregory Peck en su papel de Atticus. 

Macario de B. Traven es la historia de un leñador sencillo y hambriento que su deseo de vida es comerse en soledad un pavo entero. Cuando se adentra al bosque para comerlo lo interrumpen una serie de personajes para pedirle una parte del pavo y Macario adquiere poderes sobre la vida y la muerte. La película fue dirigida por Roberto Gavaldón con guion de Emilio Carballido, protagonizada por Ignacio López Tarso y Pina Pellicer. Fue la primera producción mexicana nominada a los premios Oscar como mejor película extranjera.

Querido lector, si le apasionan la literatura y el cine, le recomiendo que viva la emoción del texto y luego su versión cinematográfica. Hay joyas imperdibles como Persépolis de Marjante Satrapi, llevada a la pantalla por Vincent Paronnaud; El color púrpura de Alice Walker y la película homónima de Steven Spielberg, La sombra del caudillo de Martín Luis Guzmán y la adaptación de Julio Bracho, Los tres entierros de Melquiades Estrada, escrita por Guillermo Arriaga y Tommy Lee Jones en la dirección; El apando de José Revueltas, dirigida por Felipe Cazals, y La pianista de Elfriede Jelinek, filmada por Michael Haneke.