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En varios estados aumentó el número de ciudadanos registrados como demócratas, en comparación con las elecciones presidenciales de 2024
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No hay un autor ciertamente reconocido, pero la validez de la frase es indiscutible: comenzar una guerra es muy fácil; el problema es terminarla. Platón lo dijo de manera más lapidaria: «Sólo los muertos han visto el final de la guerra».

El habitante temporal de ese edificio siniestro que tiene forma de Pentágono se llamó hasta hace poco secretario de la Defensa de los Estados Unidos. Para que NO nos quede duda de la política actual de la mayor potencia del mundo, ahora lleva el título de secretario de Guerra.

Pues este señor, Pete Hegseth, no se quiso quedar atrás en esto de las frases célebres: hablándole a los reporteros sobre la solicitud al Congreso para que le apruebe doscientos mil millones de dólares para la guerra contra Irán, les dijo: «matar a los malos cuesta dinero». Algo debe saber: en la primera semana de las cuatro que ya lleva esta aventura, los Estados Unidos se gastaron 11,300 millones de verdes.

Pero el asunto no es solamente de estadísticas. Las guerras tienen la mala costumbre de sacudir los mercados, siempre en contra de los marchantes. Y como en este caso estamos en territorios de donde sale la mayor parte del combustible que mueve al mundo, los precios de los carburantes se han ido hacia arriba, y no se espera que bajen pronto, si es que bajan. Y si todo lo que consumimos tiene que ser transportado de alguna manera, y la electricidad se genera mayormente quemando petróleo, el costo de la guerra no es cubierto solamente con el dinero que los gobernantes manejan: sale del bolsillo de la gente, por todos lados en todas partes. Aunque el secretario de Hacienda de México diga en Cancún, al terminar la Convención Bancaria, que en México los combustibles no han subido.

En los Estados Unidos las gasolinas han subido un treinta por ciento y el gas un cuarenta, y lo que falta.

Vi en una nota de los noticiarios gringos una encuesta en gasolineras. Decía una señora en su queja: «Sí, voté por Trump tres veces: claro que soy una idiota».

No es chiste. Los norteamericanos van este año a unas elecciones intermedias esenciales para el futuro de la administración Trump. La primera semana de noviembre se elige a la totalidad —435— de los diputados (allá se llaman representantes) y a un tercio —33 de cien— de los senadores. Aunque una gran mayoría andará buscando la reelección, siempre existe la posibilidad de la voltereta: especialmente por el costo directo de la guerra.

Si Trump pierde la muy frágil ventaja que tiene en el Congreso, aun con el voto de calidad que en caso de empate en el Senado tiene el vicepresidente J. D. Vance, otro halcón, el señor presidente Trump va a tener muchos obstáculos para que sus descocadas iniciativas pasen, o el apoyo a sus proyectos sea aprobado por el legislativo.

Sun Tzu, en El arte de la guerra, lo dice muy claro: no luches en una guerra si no ganas nada con la victoria. Y en Irán, como estuvo en Vietnam, Afganistán y otras fiestas, la victoria no se ve a la vuelta de la esquina.

PILÓN PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Yo estoy anotando el nombre de Carlos Fernández de Cossío, subsecretario de Relaciones Exteriores del actual gobierno de Cuba.

Diplomático de carrera, hijo de un destacado diplomático, ha conducido por años las relaciones de Cuba con los Estados Unidos. Lo vi ayer en el programa Meet the Press, de la cadena NBC, fijar en muy buen inglés y clara exposición la actual postura del gobierno cubano. Trato de resumir sus puntos esenciales:

El gobierno cubano está abierto al diálogo con Estados Unidos sobre asuntos bilaterales. Sobre la mesa no está ni el cambio estructural del gobierno ni la salida de sus integrantes; no cree que se presente una acción militar norteamericana en su contra, pero está preparado para ella; se abre a la participación de capital extranjero; coincide con Trump en que busque fronteras seguras para su país, y está dispuesto a apoyarlo en eso, pero la soberanía es intocable.

Ya veremos hasta dónde llega esta firmeza: en política no se consigue lo que se quiere, sino lo que se negocia. De todos modos, yo no descarto que este hombre de 66 años pueda tomar en Cuba un papel similar al de Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela, con cierto sometimiento negociado con el gobierno de Trump.

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