Este grito precedido por el sonido de la flauta de cuatro cañas, lo tengo en la memoria de mi infancia; cuando con ansías la familia esperaba una carta de España para saber si mi tío Carlos ya había salido de la prisión franquista donde estuvo recluido 15 años por el único “delito” de ser del bando republicano.

La remembranza salta donde menos se espera, la evocación vino a mí porque el pasado día 12 se conmemoró el nonagésimo aniversario de haberse instituido el Día del Cartero y del Empleado Postal, ocasión en la que se llevó a cabo la cancelación de la estampilla que celebra el precitado día. La cancelación fue presidida por el ingeniero Jorge Arganiz Díaz Leal, secretario de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes y por la Directora General del Servicio Postal Mexicano, licenciada Rocío Bárcena Molina.

La cancelación fue de una serie de cinco estampillas diseñadas por Alba Eloísa Carrillo Castillo. Tres de ellas muestran a los carteros trabajando, una más tiene la imagen de una simbólica carta y otra con la flauta de cuatro cañas cuyo recuerdo es el inicio de estas líneas y que en los últimos años ya no escucho en nuestra gran ciudad, pero que imagino todavía usan las carteras y los carteros en las poblaciones pequeñas de 96.7% que cubren del territorio nacional. Razón por la cual en su mensaje a la comunidad postal el ingeniero Arganiz Díaz Leal reconoció “el trabajo del cartero que llega a las comunidades y pueblos de las regiones más apartadas sin importarle las inclemencias del clima, ni las condiciones del viaje”.

La incansable licenciada Bárcena Molina, me informó que la dependencia a su cargo tiene 13,001 trabajadores de los cuales la mitad “reciben, clasifican, y transportan las cartas y paquetes, diseñan la logística, se encargan del mantenimiento de nuestras comunicaciones, la venta y posicionamiento de nuestros servicios, la firma de convenios, contratos y la atención a cada uno de nuestros cliente; la otra mitad (6,500) son carteros. De éstos, 10% son mujeres”, como Yanet García Cruz con 15 años de servicio que está orgullosa de su oficio; ella cubre la colonia el Carmen de Coyoacán donde las personas “me respetan, admiran, valoran y reconocen mi labor”.

En su oficina en el Palacio Postal, una de las construcciones más bellas de la ciudad, la funcionaria Bárcena Molina, me informa que el año pasado la institución a su cargo manejó 324 millones de piezas postales (paquetes y cartas) lo que significa que cada cartero entregó un promedio de 211 piezas diariamente. Me dice que su objetivo es modernizar y posicionar al Servicio Postal Mexicano como un factor relevante en la nueva economía digital. Que así sea.

Cuento

En el Servicio Postal, apartaban las cartas por país, estado, municipio y código cuando una de las empleadas vio un sobre que llamó su atención: La carta carecía de estampilla, estaba escrita con letra de niño, traía remitente y la siguiente dirección: Dios, en el cielo. Nube 1. La curiosidad hizo que la empleada abriera el sobre. Adentro una hoja de cuaderno escolar donde se leía: Dios mío, necesito con urgencia 1,000 pesos para comprarme una bicicleta. Conmovida por la ingenuidad del menor la empleada les comunicó la situación a sus compañeros, los cuales decidieron hacer una coperacha para mandarle el dinero solicitado al chamaco. Era fin de quincena, y por más ganas que le echaron sólo reunieron 700 pesos; los cuales le enviaron a la vuelta de correo.

Meses después, haciendo la misma labor la empleada se encontró con una carta similar, con letra de niño, dirigida a Dios, en el cielo. Nube uno. Abrió el sobre y esta vez lo escrito decía: Diosito, necesito 1,000 pesos para comprarme un Scooter pero lo mejor es que deposites el dinero en la cuenta bancaria de mi papá porque la vez pasada los del correo me volaron 300 pesos.