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Luego de una semana de buena información, mexicana y extranjera, sobre las implicaciones de los acuerdos reales alcanzados con Estados Unidos, quedan razonablemente claras fechas, cifras, compromisos y dilemas.

El 25 de julio próximo, 45 días después del acuerdo, Estados Unidos juzgará si México ha cumplido o no con sus compromisos.

Los compromisos fundamentales son dos: aumentar en promedio de 700 a 2 mil los detenidos y/o deportados en su frontera sur, y aceptar un aumento de 250 a mil retornados de los centros de detención americanos a los campamentos de espera mexicanos.

Para lograr esto, el gobierno mexicano desplegará 6 mil efectivos a la frontera sur y combatirá activamente a los traficantes de personas de este lado de su frontera norte.

Si Estados Unidos juzga el 25 de julio que México no ha cumplido, se pondrá en movimiento la fase dos del plan del presidente Donald Trump: que México se declare “tercer país seguro” o “primer país de asilo”, mediante lo cual los migrantes venidos de Centroamérica se quedarán en principio de este lado.

(Estados Unidos piensa, al parecer, en una especie de cadena interamericana de terceros “países seguros”, que empezaría en Brasil, seguiría por Panamá y por Centroamérica hasta la frontera con México. Habría al final una red de terceros países seguros y ni un solo migrante venido de Centroamérica tocando a las puertas de Estados Unidos).

Si pasan los siguientes 45 días y México no se ha declarado tercer país seguro, Trump volverá a su amenaza de imponer un 5 por ciento de aranceles al comercio con México.

Ninguna de estas cosas saldrá tal como fue acordada, desde luego, y en medio del desbarajuste el margen de actuar de Trump, quedará intacto.

Aun si México cumple con lo pactado, el tema de la migración centroamericana seguirá siendo un desastre, un campo de claroscuros con mala prensa, muy utilizable para el discurso contra México y los mexicanos favorito de Trump.

No solo el mundo exterior ha pasado al centro de la política interior de México, sino que la caricatura de México favorita de Trump será una parte central de la refriega electoral estadunidense, escena temida por varias generaciones de políticos y especialistas mexicanos.