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El avión (cuento, II y última)

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Manuel AjenjoEl Privilegio de Opinar

Los arreglos mandados a hacer al gusto de Enriquillo GEL, al jet Boeing 787, determinó que el mexiquense encubriera las presuntas faltas de su antecesor, Felipillo VSOP

Por Manuel Ajenjo

Los arreglos mandados a hacer al gusto de Enriquillo GEL, al jet Boeing 787, cuya compra y acicalamiento pagaremos, durante 15 años, los habitantes del territorio, región o comarca llamada Simulamex, determinó que el mexiquense encubriera las presuntas faltas de su antecesor, Felipillo VSOP, el cual pudo abocarse a otras tareas como al manejo de la carrera política de su esposa, Margaritilla ABC.

En el precitado avión pueden viajar 80 pasajeros, 28 del gabinete y/o invitados y 48 viajeros entre periodistas y personal de seguridad. Así como 14 escoltas del Estado Mayor.  Todos los asientos tienen enfrente una pantalla digital para hacer ameno el viaje. Los asientos destinados al gabinete o a los invitados son completamente reclinables —se hacen cama—. Además puede viajar una tripulación de servicio de hasta de 20 personas entre sobrecargos y pilotos. Existen dos áreas de descanso para unos y otros con una cocineta.

A lo largo y ancho del jet existen varios clósets y maleteros. Está dotado con tres medio baños. Cuenta con una sala de juntas, Internet de alta velocidad, sistema de comunicaciones; otra cocineta y comedor para el jefe y sus colaboradores e invitados.

Espectacular resulta la recámara principal –y la única–, con una cama king size, clóset y un baño completo. Como la mayoría de los viajes son de “trabajo” existe una espléndida oficina privada con teléfono satelital, un sofá cama y una caminadora por si el jefe decide, además de hacer el viaje por aire, presumir de realizarlo a pie.

En total, durante su administración, Enriquillo realizó en la flamante aeronave 214 vuelos con un recorrido de 600 mil kilómetros por el mundo. No era raro que cuando el faraónico aeroplano aterrizara en algún aeropuerto internacional, los políticos locales se mostraran incrédulos de que el gobierno de un territorio, región o comarca, donde millones de personas no tienen para comer, poseyera una aeronave tan suntuosa.

En este momento de nuestra narración, surge la candidatura para ocupar la máxima jefatura de Simulamex, de Amlillo SMCHT –solo mis chicharrones truenan– el cual basó su apelación electoral en la lucha contra la corrupción, en el beneficio a los pobres y en la austeridad, por lo que prometió que vendería el avión, que “no lo tenía ni Obama” decía en sus anuncios.

Amlillo ganó la elección por un amplio margen y quiso cumplir, de inmediato, una de sus promesas: vender el susodicho avión. Instaló la aeronave en California para su exhibición a los posibles interesados en comprarla, los cuales fueron… ninguno. Treinta millones de pesos costó tener el jet Boeing 787 expuesto frustradamente.

El José María Morelos y Pavón regresó a la comarca y dado que la compra del avión interesó menos que una plática motivacional de Martilla $$$, alguien tuvo la genial idea de rifarlo entre la población de Simulamex. Sin pensarlo más, lanzaron la idea. Ya con esta del conocimiento del público, se dieron cuenta de que rifar un avión resultaba problemático para el posible ganador: ¿Dónde estacionarlo?  ¿Cómo mantenerlo?

Pero en el territorio considerado el más surrealista del mundo las dificultades se convierten en oportunidades. ¿La solución? Hacer una rifa del avión pero sin el avión. Muy fácil, ¿no? Se emitieron 6 millones de billetes con un costo de 500 pesos cada uno. Lo que generará 3 mil millones de pesos. Se entregarán 100 premios con valor de 20 millones de pesos cada uno, es decir 2 mil millones de pesos. De los mil millones restantes debe descontarse el 30 por ciento del costo de impresión, distribución, operación y publicidad.

Si se venden todos los boletos se ganará 700 mil pesos que pueden aplicarse a la deuda del avión que es de 2 mil 724 millones de pesos a pagar de aquí al 2027.

Yo ya tengo mi billete. Si me saco uno de los premios de 20 millones, les doy mi palabra que no volverán a saber de mí.

  1. Mira Bartola, ahí te dejo estos mil pesos

    Esta columna quiere establecer una sección llamada el Risametro. Para distinguirlo de aquel programa radiofónico así llamado, en el que contaban chistes Pepe Ruiz Vélez, Manuel Siordia “Mister Kelly” y Manuel Tamez “Régulo”; le agregaremos un calificativo, será el Risametro Político

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