El ascenso de los meadeadistas


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Alberto AguirreSignos vitales

Al arranque de la segunda mitad, la mayoría de los 75,000 espectadores que acudieron al Estadio Azteca coreaban “Brady, Brady, Brady...”. El domingo previo al aniversario de la Revolución Mexicana, el quarterback de los Patriotas dejó boquiabiertos a los asistentes al juego de la NFL en la CDMX con un pase de 64 yardas a Brandin Cooks, apenas tres minutos después de la reanudación del partido. Touchdown.

Al arranque de la segunda mitad, la mayoría de los 75,000 espectadores que acudieron al Estadio Azteca coreaban “Brady, Brady, Brady…”. El domingo previo al aniversario de la Revolución Mexicana, el quarterback de los Patriotas dejó boquiabiertos a los asistentes al juego de la NFL en la CDMX con un pase de 64 yardas a Brandin Cooks, apenas tres minutos después de la reanudación del partido. Touchdown.

Tal proeza no impactó a Jose Murat Casab, quien ocupaba una platea cerca de la cabecera sur del Coloso de Santa Úrsula para —como acostumbra— hacer política donde sea. El exgobernador de Oaxaca tampoco vio a las Raideretts al medio tiempo, mucho menos el homenaje a los rescatistas mexicanos y a los binomios caninos, con Frida como estrella principal.

Nada de shows o de antojos culinarios. A un costado de una de las improvisadas taquerías que no se daban para atender a los VIP, el presidente de la Fundación Colosio negociaba con José Ramón Martell. A lo largo del 2018, ambos personajes se han encontrado en público y en privado para darle cauce al proceso sucesorio dentro del PRI.

En agosto pasado estuvieron entre los principales operadores de la reforma estatutaria, en la 22 Asamblea Nacional del PRI. Murat acudió a Campeche con la representación de Enrique Ochoa Reza para armar, junto con el gobernador de aquella entidad, Alejandro Moreno, la logística que garantizaría un debate átono sin rebeldías ni obscenidades. Martell, por su parte, junto con Heriberto Galindo Quiñones, armaba el bloque meadeadista y simultáneamente participaba en la iniciativa #RecuperemosAlPRI, que conjuntó a los exgobernadores Ivonne Ortega, de Yucatán, y Ulises Ruiz, de Oaxaca.

Martell apoyaba a esta incipiente disidencia en su exigencia de reformar el Estatuto, pero con otras intenciones. En Los Pinos habían decidido eliminar los candados que hubieran impedido la postulación de un militante con menos de una década dentro del partido (que afectaba las posibilidades del secretario de Educación, Aurelio Nuño) o de un “externo”, sin afiliación o carrera partidista (como el entonces secretario de Hacienda, José Antonio Meade).

Murat, por su parte, encabezaba el bloque duro que trataba de cerrar el paso a quienes proponían una elección abierta para seleccionar al abanderado tricolor a la Presidencia. Y con Martell cuidó que la reforma estatutaria desapareciera cualquier obstáculo a los externos, ya fueran firmas de respaldo o pasarelas incomodas.

Sólo Murat y Martell saben que dialogaban en vísperas del destape de Pepe Meade. Para entonces, Ortega, con más de 1.5 millones de firmas que sustentaban su exigencia de “piso parejo”, trataba de que le aceptaran el pago de sus cuotas. Y es que —calculaba su equipo— el CEN priista buscaría sabotear su registro como precandidata con cualquier nimiedad.

Dos semanas después del encuentro en el Azteca salió la convocatoria para oficializar el dedazo. Y como negoció la cúpula partidista, no hubo rebeldes que opacaran al candidato ciudadano… al menos públicamente.

Para la exgobernadora de Yucatán, confirma su equipo, el diálogo incluyó manazos, amenazas… Y una oferta de un cargo, que habría declinado. “Incluye a la militancia”, recomendó Ivonne a Meade.

A mediados de la semana pasada, el virtual candidato priista a Los Pinos expresó públicamente su respaldo a la permanencia de Ochoa Reza al frente del PRI. Al resto de los integrantes del CEN tricolor, por el contrario, lo someterá a una evaluación, de la que queda exento el secretario de Finanzas, Luis Vega.

Algunos, como Claudia Ruiz Massieu, podrían dejar la cúpula partidista en el mediano plazo. Otros, como el secretario de Acción Electoral, José María Tapia, y el secretario del Consejo Político Nacional, Ernesto Gándara, serian dejados en libertad para que cumplan sus funciones legislativas.

Y unos más, entre ellos Murat Casab, serian relevados por aquellos meadedistas que vincularan las estructuras partidistas con el cuarto de guerra del futuro candidato. Martell y Galindo —quien iría a la Fundación Colosio— se cuentan entre los más conspicuos.

Aunque Murat ofrecería resistencia. Y si no, ¿por qué convocó a los “foros de consulta” sobre la plataforma legislativa que postulará Meade en el 2018? Aguascalientes fue la primera parada de este ejercicio sin ningún valor… A menos que el candidato lo ratifique en su cargo. O el próximo coordinador de campaña.

Nuño es mencionado con insistencia como futuro coordinador general de la campaña. Eduardo del Río Holguín, como secretario de Información y Propaganda del CEN. El “cuarto de guerra” meadeadista incluiría a un puñado de jóvenes abogados formado al amparo del tecnócrata entre los que destacan Mikel Arriola, Emilio Suárez Salas y Fernando Galindo Favela.

En otra división están los unamitas que Meade incorporó a su equipo, con Ignacio Vázquez Chavolla como figura central, y los “fuereños” entre los que están Cesar Mendoza David, Rolando Ocampo Alcántar y Mario Zamora…

¿Adiós al nuevo PRI? ¿O bienvenidos al Titanic? por lo pronto, el precandidato oficial tardó una hora tomándole selfies con sus nuevos compañeros, esos a los que pidió: “háganme suyo”.