Minuto a Minuto

Vida y estilo El inicio de la primavera pinta de color violeta las calles de CDMX
Las jacarandas fueron introducidas a México a inicios del siglo XX por el jardinero japonés Tatsugoro Matsumoto
Nacional Maestros se enfrentan con la Policía durante marcha de protesta en CDMX
El enfrentamiento ocurrió cuando elementos de la SSC resguardaban la zona e instalaban equipo de audio durante el paso de la CNTE
Internacional Trump suaviza sanciones para que energéticas de EE.UU. negocien con la venezolana PDVSA
La nueva autorización de Trump permite a empresas estadounidenses constituidas antes de enero de 2025 hacer negocios con Pdvsa
Internacional Radar Latam 360 comparte las noticias más importantes hoy miércoles 18 de marzo de 2026
Estas son las 8 noticias más importantes sobre América Latina y el mundo que Radar Latam 360 recomienda este jueves 12 de marzo de 2026
Internacional César Chávez, ícono de los derechos laborales en EE.UU., señalado por abuso sexual
Una investigación de The New York Times reveló que el icónico líder sindical, César Chávez, había abusado de niñas y mujeres

Con sorpresa, luego con tristeza, he acudido en los últimos días a la crítica de un personaje público a quien conozco de cerca desde hace más de 20 años.

Hablo de Eduardo Medina Mora, actual candidato a la Suprema Corte y embajador en Washington, antes embajador en Londres, antes procurador general de la República, antes secretario de Seguridad Pública, antes primer director del Cisen de la alternancia democrática.

Lo que leo contra Medina Mora se corresponde con su imagen pública como funcionario. No se corresponde sin embargo, en absoluto, con la persona que conozco y he tratado estos años.

Las acusaciones a Medina Mora aparecen en las palabras de sus críticos en vecindad con la caricatura, cuya índole, como se sabe, es exagerar hasta la irrealidad rasgos reales.

Acusan a Medina Mora de impugnar demasiadas veces a legislaturas estatales por leyes locales que contradicen la Constitución, de haber detenido y no haber podido probar la culpabilidad de 34 alcaldes michoacanos coludidos con el narco, de haber violado derechos humanos en intervenciones policiales en Atenco y Oaxaca, de haber encarcelado a mujeres indígenas por falsos cargos de secuestro de policías, de haber sido agente activo de la guerra contra el narco del presidente Calderón.

Todas estas acusaciones son debatibles. Creo que Medina Mora podría rebatir unas y explicar otras. Tengo en mi poder respuestas suyas a todas estas cosas. Pero no soy yo, sino Medina Mora, quien debe hacer públicos sus alegatos. No discuto con sus críticos, muchos de ellos tan respetables y cercanos a mí como el propio Medina.

Quiero solo añadir al debate mi testimonio de 20 años de trato con Medina Mora: la naturalidad sostenida de su inteligencia y su integridad, su calidad como ser humano, como jefe de familia y como profesionista, como hombre de responsabilidad dispuesto a asumir riesgos bajo la convicción de que su trabajo puede hacer una diferencia en la vida pública: lo que entendemos, en buena ley, como sentido del Estado.

Este es el Eduardo Medina Mora que conozco. Quiero dejar constancia de él.  

[email protected]