Es el conocimiento que considera tener el presidente de la sociedad mexicana lo que mantiene la paz social, ante la adversidad económica provocada por sus políticas. Por eso sólo apoya a los sectores que históricamente tomaron las calles para protestar.

Está convencido de que los estratos medios y medio altos de la sociedad no pasan de mostrar el descontento en redes sociales. Así que, para 2022, aumentó 10 mil millones de pesos a los programas sociales que aportan recursos en mano a los sectores más rijosos.

Y dice, sobre quienes se quedan en casa, que “si tienen que quebrar que quiebren”, el millón y medio de empresas que cerraron; y “que vean eso padres y dueños”, sobre la cancelación del 20 por ciento de las colegiaturas en escuelas privadas por falta de pago.

Como Chávez en 1999 en Venezuela, confía en México de 2021 en la eficacia de la doctrina cubana para mantener el poder: retener sus bases sociales y se vayan, o se adapten, quienes lo rechazan. De ahí que minimice la colosal sangría de dinero privado que vive el país.

Durante el tercer trimestre se fugaron siete mil 369 millones de dólares de extranjeros y siete mil 227 millones de mexicanos, informó el Banco de México. En la creencia del presidente, es lana de quienes no lo quieren y, por tanto, no importa que se vaya.

¡Total! a los suyos les dio 10 mil millones de pesos para 2022, siete de cada 10 lo apoya, el próximo año tendrá 25 de 32 gubernaturas, la oposición sigue buscándose y la prensa tradicional se cuida y no crea estado de opinión como creaba en gobiernos anteriores.

No importa que, desde julio de 2018, México sea el país que más flujos de inversión extranjera perdió en el mundo. O que las ventas del pasado Buen Fin bajaran 53 por ciento. Para el presidente, su gente no vive de la inversión extranjera ni va a Palacio de Hierro.

¿Que aumentó en cuatro millones el número de pobres y seis millones dejaron de ser clase media? Tampoco importa, pues la doctrina cubana ya demostró en la isla y, replicó en Venezuela, que al final la gente se va del país o se adapta. No pasa nada, pues.

En Cuba, por ejemplo, los ciudadanos le temen más caminar de blanco con una rosa por las calles, que atravesar con los traficantes de personas cuatro países desde Nicaragua para llegar a Estados Unidos, y luego mantener a sus familiares pobrísimos en Cuba.

Para irse de Cuba hay que pagar boleto de avión y andar por  Centroamérica y México. Comprado, para los mexicanos quizá pueda resultar más fácil.

Y cuando envían remesas, el presidente los llama “héroes vivientes”.