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La noticia de los homicidios llegó mientras la Secretaria de Gobernación hablaba de los éxitos que estaba teniendo la política de seguridad en apartar a niños y jóvenes del crimen, mediante talleres artísticos.

Habían matado a esa hora, anteayer, en medio de la conferencia mañanera de ese día, a dos colaboradores claves de la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México.

Un disparador solitario los mató descargando sobre ellos doce tiros. Los funcionarios viajaban sin escolta, en un coche no blindado, y estaban haciendo un alto, que hacían todos los días, para que Ximena Guzmán, secretaria particular de la Jefa de Gobierno, recogiera a José Muñoz, asesor en materia de seguridad capitalina.

La mañanera de ese día estaba dedicada a informar de los avances en seguridad del gobierno federal. Dando ese informe estaban, en el foro de realidades alternas que son las conferencias mañaneras, cuando la realidad real entró al celular del secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, diciéndole que acababan de registrarse los dos asesinatos de alto impacto.

Acababa de suceder en la Ciudad de México lo que pasa todos los días en el país: ejecuciones brutales, de causas conocidas en lo general, pero de agentes específicos desconocidos en lo particular.

Ejecuciones llamadas a no aclararse nunca, salvo por excepción.

Ejecuciones a las que siguen los mantras burocráticos que prometen investigaciones y castigos con todo el rigor de la ley.

Condolencias de palabra y olvidos de hecho.

La llegada de la noticia de los dos crímenes a la mañanera dedicada al tema de la seguridad, fue como un grito en medio de la siesta.

Un grito ahogado pero terrible que, bien oído, quizá solo decía: “Despierten. Paren el cuento. Salgan de las mañaneras a la calle”.

Los ciudadanos podemos y debemos condolernos del destino trágico de estos muchachos, al parecer colaboradores extraordinarios del gobierno de la ciudad.

Pero el gobierno de la ciudad tiene que hacer algo más si quiere honrar su memoria y cumplir con su deber. Tiene que aclarar los asesinatos de principio a fin, del primer al último eslabón, del asesino material a los autores intelectuales y llevarlos a la justicia.