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La presidenta menciona a diario a su presidente López Obrador. No halla manera de agradecerle. Pero la gestión de López Obrador es un lastre que impide a Sheinbaum imprimir su sello personal como presidenta. Por ejemplo, los desaparecidos de López Obrador la tienen en jaque.
También, imitar el verbo denostador de López Obrador es una traba que limita a Sheinbaum clisar su marca individual como mandataria. Por ejemplo, esta semana, por un lado, firmó seis decretos para la búsqueda de desaparecidos; pero, por otro, llamó “carroñeros” a quienes los buscan.
El hallazgo del campo de exterminio en el rancho Izaguirre, Jalisco, rebasó la capacidad de manejo de crisis del actual gobierno, y ha dejado a la presidenta expuesta como una persona sin empatía. “Son unos carroñeros”, les dice a quienes se espantan con el horror.
Pero los casos de los desaparecidos, y de los homicidios, son una herencia de López Obrador a Sheinbaum: 52 mil desaparecidos y 200 mil homicidios. Y, mientras López Obrador no hizo nada para disminuirlos, Sheinbaum captura y extradita capos, e incentiva la búsqueda de cuerpos.
Sin embargo, en cuanto a los desaparecidos, de poco servirán los decretos de Sheinbaum para fortalecer las comisiones de Búsqueda y Atención a Víctimas, establecer la CURP como única fuente de identidad o equiparar el delito de desaparición al de secuestro.
De poco servirán, porque para todo eso se necesitan recursos, y López Obrador dejó sin recursos a su sucesora en la presidencia. A la Comisión Nacional de Búsqueda le recortaron le recortaron 47 millones de pesos para 2025. No hay dinero para cumplir los decretos de la presidenta.
López Obrador dejó de gastar recursos para frenar los homicidios y buscar a desaparecidos, porque dedicó 1.2 billones de pesos en sus obras personales. Sí, de 8 billones de presupuesto federal, derrochó 1.2 billones en el Tren Maya, Refinería Dos Bocas y el AIFA.
Peor: la sociedad mexicana nunca supo en que gastó López Obrador los 388 mil 771 millones de pesos en tres fondos estabilizadores para emergencias que le dejó el gobierno de Enrique Peña: los desapareció de 2018 a 2019 y, cuando llegó la pandemia, en 2020, no tenía fondos de emergencia.
Y, en lugar de usar el dinero de nuestros impuestos en buscar a desaparecidos, López Obrador desapareció a los desaparecidos, después de que el censo nacional revelara que su gobierno rebasaba al de Felipe Calderón en desapariciones.
Enseguida, López Obrador echó a Karla Quintana como directora de la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas, y ordenó a la Secretaría de Bienestar levantar otro censo porque (así lo dijo) “no pueden ser más los desaparecidos en mi gobierno, que en el de Calderón”.
Mientras, los desaparecidos tienen en jaque a la presidenta.