Para normar criterio: una primera solicitud de captura contra Ruffo ante un juez de carrera judicial no prosperó, pero una jueza del acordeón la concedió
¿No que asistir a los juegos del Mundial de Futbol resultaba tan caro y era cosa de fifís que la presidenta Sheinbaum prefirió ver los partidos “con el pueblo” y regalar a una joven indígena el boleto del juego inaugural?
Pues ayer, desde un palco tan privilegiado como ningún otro en el planeta, presenció el partido más exclusivo, codiciado y caro del Campeonato en el MetLife Stadium.
De manera tan repentina como contradictoria, accedió a la invitación de su ofensor y buleador consuetudinario que tanto la ha agraviado (puso en duda su valentía ––“está temerosa”, dijo––, y según él son los criminales quienes gobiernan México), como también a México y a los mexicanos.
Inimaginable que haya aprovechado la oportunidad para exigirle a su anfitrión “las pruebas” que viene demandando sobre la acusación y petición de captura con fines de extradición de Los Diez de Sinaloa y su relación con la delincuencia organizada, o qué hizo el FBI para capturar a El Mayo Zambada; preguntarle sobre el grado de participación de la CIA en el descubrimiento del narcolaboratorio descomunal en Chihuahua, o lo que hace la ultraderecha estadunidense para desestabilizar al segundo piso de la cuarta transformación.
Pero no. Puso en pausa su “defensa de la soberanía”.
Como dice la canción: “¿Y dónde está el orgullo, y dónde está el coraje…”?
A la par de su desconcertante viaje, la “independiente” Fiscalía General de la República detuvo a un emblemático adversario: el panista Ernesto Ruffo Appel, cuando la lejana sucesora de éste, Marina del Pilar Ávila, escandaliza en los audios revelados por el periodista Héctor de Mauleón con sospechosas promesas a presuntos agentes e intermediarios gringos de pasarles “información de seguridad”.
Inesperada la detención del panista, inesperada la aceptación de la invitación de Trump.
En el contexto de las acusaciones, indicios y señalamientos en EU contra ––al menos–– cuatro gobernadores morenistas (Sinaloa, Baja California, Tamaulipas y Sonora), la captura de Ruffo hiede a canallada política.
A Ruffo se le acusa por contrabando de combustible y delincuencia organizada, afirmando que lidera una red de huachicol fiscal.
El ex gobernador, sin embargo, tiene una participación minoritaria en la empresa imputada del contrabando de 15 millones de litros de combustible (descubiertos en carros-tanque de ferrocarril), a pesar de que el señor nada tiene que ver con la compra, transporte ni comercialización de hidrocarburos. Es enorme contraste con el ingreso a México ––según consta en las páginas públicas del Departamento de Energía estadunidense–– de 120 mil millones de litros de combustible durante la presidencia de López Obrador que no fueron reportados, pero importan una evasión de 554 mil millones de pesos en impuestos (y con el IVA rebasa los 600 mil millones).
Para normar criterio: una primera solicitud de captura contra Ruffo ante un juez de carrera judicial no prosperó, pero una jueza del acordeón la concedió…
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@CarlosMarin_soy
