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Vimos el domingo a un grupo de mexicanos entrenados para competir globalmente y derrotar al campeón del mundo.

El rasgo común a prácticamente todos esos jugadores, nos recuerda Leo Zuckermann en su columna de ayer, es que juegan fuera de México, en las ligas más exigentes y competidas del mundo (Excélsior, 18/6/18).

Quizá no en los grandes equipos, pero sí en las canchas donde juegan los grandes equipos y los grandes jugadores, y jugando contra ellos.

El problema de competitividad de nuestros políticos es que computen entre ellos. No puede ser de otra forma, pues la política es por excelencia local, pero no deja de ser una terrible limitante que mientras todo se globaliza para mejorar, la política mexicana se provincializa.

No hay más que ver la ausencia cuasi total de los problemas del mundo en los discursos de las campañas presidenciales, donde brillan por su ausencia, por ejemplo, Trump y el cambio tecnológico.

No que falten pronunciamientos de López Obrador sobre Trump, de Anaya sobre el cambio tecnológico y de Meade sobre la necesidad de construir para México una confianza global.

Sino que ninguna de esas cosas aterriza en un proyecto coherente que se proponga competir en el mundial del desarrollo y ganarle, digamos, a Alemania.

No en el juego del domingo que pasó, sino en el curso de las décadas que vienen.

Nuestros futbolistas llevan muchos años estrellándose en el muro de la superioridad de otros países, y apenas ahora México parece tener una generación de jugadores que ha hecho la mejor parte de sus carreras en esos países, particularmente en Europa, donde juegan no solo con lo mejor de Europa, sino con lo mejor de América Latina y de los otros continentes.

Desde el punto de vista del desarrollo, México ha jugado muy bien en la cancha del TLC, pero los dioses de la historia, de la mano del presidente de Estados Unidos, parecen dispuestos a expulsarlo de ahí.

Como si la FIFA nos expulsara de los mundiales y quedáramos obligados a jugar solo en la Concacaf y la Copa América.

Mientras esto nos sucede en el orden global, en el orden local nos disponemos a elegir a Cuauhtémoc Blanco para gobernador de Morelos.

Del Mundial a las elecciones. El mundo al revés.