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A juzgar por lo que circula en las redes, lo que se opina en los medios y la estridencia del discurso político, México es un país confrontado. Y, sin embargo, hasta hoy, esa polarización no se ha desbordado hacia la sociedad.

Esa separación entre el mundo de la política y el de las relaciones sociales se explica, en buena medida, porque lo que sostiene al Presidente y a su partido no es el resentimiento o el odio, sino la esperanza de un futuro mejor, como argumenta Viri Ríos en una de sus más recientes colaboraciones en The New York Times, (“El mito de los resentidos”, 05/07/2021).

Algo muy distinto —agregaría yo— a lo que revelan los estudios sobre el ascenso de Donald Trump en Estados Unidos. La xenofobia, el racismo y la intolerancia de buena parte de sus seguidores sí surgen del miedo, del enojo y del odio a todo lo que perciben como extraño y amenazante; de ahí las agresiones a los migrantes y a los afroamericanos. Si bien en México la situación no es esa, el riesgo está latente.

No se requiere mucho para que la polarización en el debate político se propague al nivel social. Basta que muera la esperanza o que se extienda el miedo a perderlo todo para que el cambio ocurra. Como dice Viri Ríos, el gran miedo de las élites no debe centrarse en un resentimiento imaginario, sino en la “frustración acumulada si este gobierno no resuelve los problemas de fondo”.

Ese fracaso tendría consecuencias imprevisibles y, como se ha visto en otros países, una mayor radicalización siempre es posible. Estudios sobre psicología social en Europa han documentado cómo la frustración y el miedo nutren los extremismos que sirven de nido a la intolerancia, a la descalificación y a la denigración de los demás (Prooijen, et al, “Fear among extremes”, Personality and Social Psychology Bulletin, 2015).

Ninguna de estas actitudes construye cultura cívica ni abona la política democrática. Por el contrario, todas ellas corroen las bases de una convivencia pacífica y amenazan la estabilidad social.

Por ello es tan peligroso que, como ahora sucede en México, las pasiones y los intereses políticos encaminen a un país por esta ruta, a partir de alimentar el miedo y descalificar al contrario.