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Basta una rápida navegación en las redes para constatar el grado que ha alcanzado la polarización de posiciones políticas.

Mucho de lo que se escribe en Twitter, por ejemplo, tiene un tono bélico. A golpes de teclado se defienden las opiniones con las que se concuerda y se descalifican las contrarias.

En el “enjambre digital” los matices han desaparecido, lo mismo que cualquier posibilidad de entendimiento. Las discrepancias ya no solo tienen que ver con interpretaciones de una misma realidad, sino con la realidad misma. Y quien no coincide con las propias es descalificado de inmediato.

En Estados Unidos, esta animosidad define cada vez más a las personas y a sus vínculos sociales. Basta ver los pleitos callejeros entre los seguidores de Trump y sus opositores, por temas tan elementales como el uso de mascarillas o la defensa de la igualdad racial.

Según las encuestas, la mitad de los ciudadanos en Estados Unidos dicen que serían muy infelices si sus hijos contrajeran matrimonio con algún simpatizante de un partido distinto al suyo. Y para un porcentaje similar es muy importante que los amigos coincidan en sus posiciones políticas.

En México, por fortuna todavía estamos lejos de eso. Lo que se expresa en las redes y en el discurso político no refleja al conjunto de la sociedad ni determina las relaciones cotidianas.

Para comenzar, según la más reciente encuesta telefónica de Consulta, el grueso de los ciudadanos se reconoce en el centro del espectro ideológico. En una escala del uno (izquierda) al 10 (derecha), la posición política promedio es 5.7.

Además, los que consideran que quienes no comparten sus preferencias políticas son malos ciudadanos, menos patriotas o más corruptos, son una minoría que ronda 10 por ciento de los encuestados. Y solo un porcentaje aún más reducido afirma que no aceptaría a un amigo o pareja con preferencias políticas diferentes.

Por eso en México la violencia entre políticos y activistas en las redes sociales no ha trascendido el entorno digital. Pero esto no será mayor consuelo si, al final, como ha ocurrido en otros lados, esa polarización termina por aterrizar en el mundo real. Mucho dependerá del tono del discurso de los liderazgos en el país.