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Parecía que, con la revelación en la revista Proceso de las supuestas irregularidades que habría cometido Jesús Ramírez Cuevas, ex vocero presidencial, el libro “Ni Venganza ni Odio” vendría a ser un cisma que se insertaría en la cadena de señalamientos de corrupción al interior de la 4T.

Pero al concluir las 319 páginas del texto escrito por el periodista Jorge Fernández Menéndez con relatos del exconsejero jurídico presidencial, Julio Scherer, el sabor que queda es el de una cadena de elogios que rayan en las loas fraternas al expresidente López Obrador.

Se entiende por la relación cercana de Scherer y su padre con AMLO y su familia. No fue -como describe- una cercanía familiar común. Era íntima.

En el sabor que queda también está el de la constante justificación de las decisiones de López Obrador, haya sido por sus convicciones, por sus necedades o por sus compromisos: apoyos sociales a pesar del costo en la economía nacional; la justicia por encima de la ley; la libertad de decisión con quienes se tenían acuerdos de antes o actuales; y la política e imposición por encima de todo.

“Ni Venganza ni Odio” bien podrá tener otro título: “De Filias y de Fobias”.

Las Filias de Julio Scherer con Rocío Beltrán y Beatriz Gutiérrez Müller, las esposas de AMLO; con Marcelo Ebrard; con la muy cercana relación que hubo con Carlos Imaz cuando estuvo casado con la hoy Presidenta Claudia Sheinbaum; con Javier García Paniagua, padre del hoy secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch.

Las fobias con Francisco Gil Díaz -el ex secretario de Hacienda y Crédito Público; con Alejandro Gertz Manero, ex el fiscal General de la República (ambos con quienes tuvo altercados verbales que llegaron a la mentada de madre); con Olga Sánchez Cordero -por las diferencias que hubo para imponer a Arturo Zaldivar como Presidente de la Suprema Corte de Justicia que había acordado AMLO años antes-; con Adán Augusto López, al que criticó porque no asumió su rol como Secretario de Gobernación para acabar con el pleito que Scherer Ibarra tenía con Gertz Manero.

Toca a Adán Augusto al acusarlo de haber incurrido en delitos ambientales al destruir manglares para la construcción de la refinería de Dos Bocas; y de ser el que movía los hilos en las decisiones de la ex secretaria de Energía, Rocío Nahle, de quien Scherer Ibarra dice que no tenía ninguna injerencia en las decisiones de Pemex y de la CFE donde el mando pleno lo tenían Octavio Romero y Manuel Bartlett, respectivamente. Ella era “La Secretaria de las Refinerías”, expone Scherer Ibarra, citando a AMLO.

A Bartlett lo señala de haber sido responsable de que la política energética en México seguida por el exgobernador de Puebla, impidió una mayor participación privada en la creación de infraestructura que ha provocado daños que se seguirán pagando en el futuro, en materia energética.

La críticas más severas contra AMLO sería por la carga presupuestal de los apoyos sociales que -dice el exconsejero jurídico- hoy tiene en serios problemas a la administración de la Presidenta Sheinbaum; que la reforma al Poder Judicial fue excesiva, al igual que el desmantelamiento de fideicomisos o fondos como el de Fonatur.

La fobia mayor queda clara contra el exvocero presidencial, Jesús Ramírez Cuevas, a quien no sólo lo señala como manipulador, de sesgar la información a AMLO sobre el panorama mediático, de inducir posturas presidenciales sobre temas delicados y ataques contra periodistas y medios.

Pero lo grave son las imputaciones de que Ramírez Cuevas intervino para modificar un decreto que permitió la doble indemnización a ex trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza que implica un quebranto de 27 mil millones de pesos a las arcas gubernamentales; de que se destinaron 2 mil 800 millones de pesos para el periódico Regeneración de la cual el ex vocero es fundador y socio; y la vinculación con el acribillado empresario Sergio Carmona, llamado el “Rey del Huachicol” y su relación con el financiamiento de campañas en varios estados del país, junto con Mario Delgado.

Ramírez Cuevas publicó un largo, larguísimo manifiesto, donde niega hechos y se arropa en un discurso cargado de retórica ideológica. Rechaza lo que en voz alta siempre se ha dicho: la siembra desmedida de preguntas en las mañaneras (nada nuevo, pero excesivo y burdo); el empoderamiento de periodistas o seudoperiodistas; el uso de granjas (tampoco nada nuevo, pero con uso de recursos públicos)… de que nada tiene que ver con grupos delictivos, ni asesorías que da a gobernadores.

“Ni Vengaza ni Odio” definitivamente no es una crítica a la 4T. Es una justificación, en varios sentidos, acerca de por qué AMLO tomó decisiones en uno y otro sentido. De por qué el Ejército y la Marina tomaron un papel relevante en el desarrollo de obras de gran calado nacional; de por qué las reformas legales. Es una recopilación del proceso constructivo, cimiento a cimiento, del arribo a la Presidencia de la República en 2018, con Morena que implicó incorporar a todo aquel que quisiera, del partido que fuera.

El libro es un elogio al líder, al político de gran olfato, al “hermano”…

Es una expiación personal de Scherer Ibarra. Una explicación de que él sólo instrumentó lo que se le pidió para efecto de reformas, de acciones legales y de interlocuciones políticas. Y de que nunca quiso estar en el gobierno, ni aspirar a cargos de alto nivel o de elección popular. Menos aún que haya hecho uso del cargo público para fines particulares.

El libro es una negación de cualquier irregularidad y de reafirmar que las imputaciones han sido objeto de acciones legales en tribunales.

Scherer Ibarra es puntual: ensalza sus filias y sólo desnuda irregularidades de quienes forman parte de su círculo fóbico. Nada más.

Es de entenderse. No es un libro para delatar ni destruir a su “hermano”. Mucho menos para desbaratar a Morena -menos a la 4T-, ni exponer todo el cúmulo de escándalos alrededor de personajes de ese movimiento.

Es un catálogo de anécdotas.  Es un golpe a los duros de Morena que lidera Jesús Ramírez Cuevas porque, sin duda, exhibe presuntos actos de corrupción y tráfico de influencias, que no dejarán de ser dichos hasta que no estén documentados en denuncias y seguimiento procesal.

Pero, fuera de que el contenido del libro pudiera incidir en alguna probable recomposición interna en Morena, nada pasará y no dejará de ser otro escándalo en medios.

Ya está a la venta… pero antes de estar en librerías corrió como reguero de pólvora en medios digitales. Lo que importa no es la ganancia en regalías, sino el impacto que se quiere dar.