De dominicos, inquisidores y muralistas


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Enrique Ortiz GarcíaTlahtoani Cuauhtemoc

Uno de los lugares que causaba mayor terror en la Ciudad de México fue el Palacio del Santo Oficio

Uno de los lugares que causaba mayor terror en la Ciudad de México fue el Palacio del Santo Oficio. Cabe mencionar que esto no solo fue durante el periodo del Virreinato, sino incluso durante el México independiente, ya que cuando fue suprimida la Inquisición, primero por las Cortes de Cádiz en 1813 y finalmente en 1820, el famoso edificio conocido como la “Casa Chata” tardó muchos años en ser adquirido por la mala fama que tenía.

Tras varios años de abandono, en 1838 salió a la venta la propiedad, siendo hasta 1854 cuando se estableció en ella la Escuela Nacional de Medicina. Durante todo ese tiempo estuvo en desuso y, a pesar de lo amplio y fastuoso de la propiedad, nadie la compraba debido a las leyendas e historias de aparecidos que estaban íntimamente relacionadas con la construcción.

Fachada del palacio de la Inquisición donde se ve claramente su escudo. La espada que da el castigo y la hoja de olivo para el perdón. Su lema es “Álzate oh Dios a defender tu causa. Salmo 73.

La historia de este palacio comenzó con la llegada de la orden dominica, de los predicadores, a la Nueva España en 1526. Iban encabezados por Tomás Ortiz, sin embargo, dicho fraile tuvo que regresar a España, por lo que dejó en las manos de Fray Domingo de Betanzos las riendas de la orden recién establecida.

Los primeros tres meses, los dominicos se establecieron en el Convento de San Francisco el Grande, hasta que la familia Guerrero los aceptó en sus propiedad ubicada en la esquina de la actual calle de República de Brasil y Venezuela. Con el tiempo, la familia Guerrero cedió estas propiedades a la orden de los Predicadores, por lo que vivieron en este espacio por tres años hasta que empezaron la construcción de su convento y de su templo.

Gracias a una cédula real emitida por el emperador Carlos V, el 8 de junio de 1527 obtuvieron seis solares, inmensa propiedad que se ubicaba entre las calles Del Puente de Santo Domingo (hoy República de Brasil), De la Puerta Falsa de Santo Domingo (hoy República del Perú), De la Cerca de Santo Domingo (hoy Belisario Domínguez) y De la Pila Seca (hoy República de Chile). El primero (convento y templo) lo construyeron ese mismo año, sin embargo, este último era sumamente humilde, de una sola nave, con techo hecho de vigas y el altar mayor cubierto de paja. Para 1550 esta primera iglesia estaba en riesgo de colapsar, por lo que se demolió y empezó la construcción de uno nuevo, que sería inaugurado en 1585. Este templo estaba tan bien construido que sobrevivió la inundación de 1629, pero no así la de 1716 la cual afectó sus cimientos, por lo que tuvo que volver a ser reconstruido, siendo concluido el 23 de enero de 1754 y consagrado por el obispo católico de China.

Entre sus últimas adecuaciones, podemos encontrar el altar mayor dedicado a Santo Domingo de Guzmán, de estilo neoclásico realizado por el español Manuel Tolsá, el mismo que construyó el palacio de Minería, el busto de Hernán Cortés y la estatua ecuestre de Carlos IV. Se comenta, sin que el autor de este texto lo haya podido confirmar, que el hijo de Moctezuma Xocoyotzin, de nombre Pedro Tlacahuepatzin, fue sepultado en la segunda iglesia de Santo Domingo.

Cabe mencionar que los primeros actos llevados a cabo por la Inquisición en la Nueva España fue por parte de los frailes dominicos, esto debido a la ausencia de un obispo o tribunal que desempeñara dicha función. El primero en juzgar causas de la fe fue fray Domingo de Betanzos entre 1527 y 1528. Durante esos años, principalmente se condenó a blasfemos, aunque se realizó el primer acto de fe, acto en el cual los condenados del Santo Oficio abjuraban de sus pecados y admitían su arrepentimiento para volver al seno de la madre iglesia.

También estos actos castigaban por medio del fuego y del garrote vil a aquellos que no se habían arrepentido o que eran relapsos. En este auto de fe precedido por Betanzos se quemó a dos judíos. La inquisición monástica continuó hasta el nombramiento del primer obispo de la diócesis de México: Fray Juan de Zumárraga en abril de 1533. Su actuación fue muy polémica debido a que condenó a morir en las llamas purificadoras al nieto de Nezahualcóyotl, Don Carlos Ometochtin, primero por idolatría, debido a que se comentó que seguía adorando a los dioses de la antigua religión.

Para empeorar su situación, también se supo que continuaba con la tradición de los antiguos señores nahuas de tener una esposa y muchas amantes. Finalmente, se le agregó el cargo de fomentar la rebeldía de los nativos en contra de los europeos. El cacique acolhua nunca se arrepintió de sus acciones, ni siquiera cuando ya estaba atado a un poste de madera con la leña debajo de sus pies listo para ser quemado. Su vida se extinguió en la plaza mayor de la Ciudad de México un 30 de noviembre de 1539.

Por este proceso, Zumárraga fue fuertemente reprendido por las autoridades españolas, el emperador Carlos y el Inquisidor General, debido a que no se podía castigar de esta forma a los nativos americanos recién convertidos, quienes apenas estaban aprendiendo las bases de la fe. No se podía acusar de herejes a los neófitos en la religión de Cristo. A partir de ese momento, el Santo Oficio en la Nueva España no realizaría más procesos en contra de los indígenas. No sería hasta inicios del siglo XVII que se establecería un tribunal especial para ellos. Finalmente, el 4 de noviembre de 1570, se establecía el Santo Tribunal de la inquisición en la Nueva España siendo su primer inquisidor general el doctor Pedro Moya de Contreras, quien años después de la muerte del arzobispo Montúfar sería nombrado con la misma dignidad.

A partir de esta fecha, el tribunal estuvo vigente hasta 1820. Contrario a lo que se cree, dicha institución no fue tan dura ni brutal como el que residía en España, siendo los mismos visitadores españoles quienes criticaban a los inquisidores de la Nueva España por ser blandos y tolerantes en las causas de la fe.

De hecho en estas tierras solamente se implementaron dos tipos de torturas: el potro, un dispositivo en el cual se amarraban brazos y piernas con el fin de estirarlos causando gran dolor en la víctima. Otra tortura fue la del “agua”, la cual consistía en vaciar hasta cuatro litros de agua en la boca del acusado hinchando gravemente su abdomen y causando fuertes cólicos que sin duda podían llevar a la muerte.

Pedro Moya de Contreras.

A pesar de la larga historia de la Inquisición en estas tierras, su magnifico palacio estuvo en funciones menos de un siglo ya que se finalizó, colocando la última piedra, en 1736 (su construcción empezó en 1732) y fue desalojado por las autoridades civiles en 1829 cuando se suprimió esta institución. Fue diseñado por Pedro de Arrieta, Maestro Mayor de las obras materiales del Santo Oficio. El maestre recibió una paga de dos pesos diarios por cuatro años. La principal característica del palacio es la ubicación de su puerta, justo en la esquina de las actuales calles de República de Brasil y Venezuela en lugar de colocarla en alguno de los costados de la edificación, con el fin de que la fachada del palacio diera a la gran plaza de Santo Domingo. Por esta razón se le llamo durante la época de la colonia “La Casa Chata”.

Otra gran aportación de este imaginativo arquitecto fue eliminar en las esquinas las columnas del gran patio señorial, distribuyendo su peso a los muros a través de un elemento medieval: las nervaduras. Esto era importante para que pudiera entrar la calesa verde propia de la inquisición por la puerta esquinada. De no ser así, ningún carruaje podría entrar al magnífico patio. Dentro del palacio, en el descanso de la escalinata monumental, se encuentra el trazado de un mural que nunca comenzó el importante artista mexicano Diego Rivera. El nombre de este mural iba a ser “El triunfo de la ciencia médica” y se encuentra detrás de la escultura hecha de mármol de Carrara que representa al santo de la medicina: San Lucas. Esta escultura fue un regalo de la Academia de San Carlos al Colegio de Medicina debido a las facilidades que les brindaban los médicos a los artistas para que asistieran a las disecciones de cuerpos humanos y así poder realizar sus estudios de anatomía humana tan importantes para realizar sus obras de arte.

El interior del Palacio de la Inquisición.