Daniel Zovatto
Director Regional. IDEA Internacional
@Zovatto55

La transición a la democracia en Chile, iniciada con el plebiscito de 1988, supuso un reto mayúsculo para un país que intentaba dejar atrás una férrea dictadura. Treinta y cuatro años después, este domingo, el país vivirá otra consulta ciudadana histórica que exige, nuevamente, de parte de todos los actores, hacer un esfuerzo para garantizar y profundizar la democracia, indistintamente del resultado que arroje el plebiscito constitucional de salida. Si en 1988 la opción de fondo era Si o NO (para decidir si el dictador Pinochet debía continuar o no en el poder) hoy, la pregunta a responder es si se aprueba o rechaza el nuevo texto constitucional.

Este proceso constituyente se ha convertido en un hito democrático con características únicas dentro y fuera de Chile. Es el resultado de un acuerdo transversal, firmado por la casi totalidad de las fuerzas políticas el 15 de noviembre de 2019, cuyo objetivo fue reconducir institucionalmente la grave crisis político social que había estallado el mes previo. Al año siguiente, el 25 de octubre de 2020, tuvo lugar el plebiscito de entrada, en el que los chilenos, expresaron su claro apoyo (cercano al 80%) en favor de una nueva constitución que sustituyera la de 1980 (adoptada durante la dictadura militar con numerosas reformas sobre todo las de 2005) y que el nuevo texto fuese elaborado por una asamblea constituyente 100% electa.

Dos años después, este amplio consenso en favor de un nuevo texto constitucional ha sufrido un marcado desgaste y su aprobación está en riesgo. Las razones son varias. Por un lado, el proceso de elaboración del nuevo texto no estuvo exento de baches, con convencionales que no estuvieron a la altura de lo que exigía la ciudadanía. Por el otro, la falta de comprensión de algunos sectores que leyeron el momento como una oportunidad para imponer agendas personales, en desmedro de elaborar una constitución que fuese vista como “la casa de todos”.

Pese a estas limitaciones, tanto el proceso constituyente como el nuevo texto contienen elementos muy valiosos e innovadores. Respecto de lo primero, cabe destacar la integración de la convención constitucional, la única en el mundo con paridad de género plena (78 hombres y 77 mujeres) y con amplia representación de los pueblos originarios (17 escaños reservados).
Respecto de los principales rasgos del nuevo texto constitucional cabe destacar, la definición de Chile como “un Estado social y democrático de derecho (…) plurinacional, intercultural, regional y ecológico”; la introducción de mecanismos de democracia directa dirigidos a aumentar la participación ciudadana en los procesos de toma de decisión; la desconcentración del poder vía la regionalización; el reconocimiento de un amplía gama de derechos sociales (salud y una educación pública gratuita y de calidad, entre otros, que fueron parte de los principales reclamos de las protestas de 2019); la protección de los derechos de la naturaleza frente al actuar de los seres humanos; y el reconocimiento de los derechos digitales con el fin de democratizar el acceso a las nuevas tecnologías.

La campaña de estas últimas semanas se ha caracterizado por un alto nivel de polarización y agresividad, agravado por una fuerte crispación, consecuencia de la proliferación de fake news y de campañas de desinformación y contaminación informativa.

El rechazo, según todas la encuestas, aventaja al apruebo, por una diferencia de entre 8 y 10 puntos. De cumplirse los vaticinios de los sondeos, Chile podría convertirse en el primer país del mundo en que el texto elaborado por una asamblea constituyente no es aprobado. Pero no hay que descartar una sorpresa como ocurrió con el Brexit y con los acuerdos de paz en Colombia. Asimismo, la decisión de llevar a cabo este plebiscito de salida con voto obligatorio (a diferencia del de entrada con voto voluntario) añade un factor de incertidumbre no menor. No hay claridad acerca de cuántos y quienes de los más de 15 millones de electores habilitados para sufragar, acudirán a las urnas y de cómo votarán, pero seguramente el nivel de participación será mayor al de las últimas elecciones. Otro aspecto importante a tomar en cuenta es con qué margen de diferencia ganará el apruebo o el rechazo ya que ello impactará en las futuras decisiones post plebiscito.

Pero más allá de los resultados, lo que no está en discusión es que el proceso constituyente en Chile, no concluye este domingo. Existe consenso en que a partir del lunes 5 se abre un segundo tiempo constitucional marcado por dos rutas diferentes que están en función de cuál sea la opción ganadora. Si triunfa el apruebo, existe un acuerdo de introducirle reformas a la nueva carta política en varios temas (plurinacionalidad, derechos sociales, sistema político tico, seguridad y poder judicial) e iniciará un complejo proceso de implementación de la nueva constitución. Si en cambio se impone el rechazo, habrá que buscar un mecanismo similar al actual pero mejorado y más expedito, para dar cumplimiento al mandato ciudadano de dotar a Chile de una nueva Constitución.

Existe asimismo un creciente sentimiento en numerosos sectores de que con independencia del resultado, es urgente y necesario buscar acuerdos de base ancha que permitan normalizar y estabilizar el país y avanzar rápidamente en la adopción de un nuevo texto constitucional que cuente con un amplio nivel de consenso. Los altos niveles de polarización y de incertidumbre que aquejan a Chile y su impacto negativo en la economía (58% considera la situación económica mala) y en la marcha del país (53% considera que el país retrocede), agravado por un contexto internacional complejo, ponen presión para arribar a acuerdos no solo en materia constitucional, sino también en relación con otras reformas de gran impacto, como la tributaria y la de pensiones. Adicional a lo anterior, es probable que el presidente Boric lleve a cabo, en los próximos días, un ajuste de gabinete que le permita oxigenar su gobierno y recuperar popularidad. A escasos 6 meses de haber asumido su aprobación ha caído al 37% y su desaprobación subió al 51% (Encuesta Criteria). Un triunfo del rechazo podría debilitarlo aún más.

Resumiendo: los ojos de Latinoamérica están puestos en el resultado que tendrá este plebiscito, enmarcado en un proceso constituyente inédito que, de resultar exitoso, podría convertirse en una hoja de ruta para otros países de la región que observan con atención el derrotero escogido por Chile.