Minuto a Minuto

Internacional León XIV pide por las 82 víctimas mortales del accidente minero en China
"En particular invoco la paz eterna para las víctimas del accidente ocurrido en los días pasados en una mina en el norte de China", dijo el papa León XIV
Nacional Iglesia católica pide no descuidar a las infancias de México por la fiebre mundialista
La Iglesia mexicana señaló que el Mundial puede ser una oportunidad para convivir en familia, compartir emociones y construir recuerdos
Nacional Cientos de ciclistas viven la experiencia “Pueblos y Paisajes 2026” en Sinaloa
Éxito en la rodada "Pueblos y Paisajes 2026": 700 ciclistas recorrieron Los Mochis, Topolobampo y El Maviri para impulsar el turismo en Sinaloa
Nacional AICM amplía cuenta con tres mil lugares de estacionamiento por el Mundial
AICM pone en operación un nuevo estacionamiento en la T2; la terminal aérea suma tres mil cajones de cara al Mundial de Futbol
Deportes Kimi Antonelli gana el Gran Premio de Canadá
Kimi Antonelli, de Mercedes, gana el Gran Premio de Canadá; Lewis Hamilton y Max Verstappen quedaron segundo y tercero, respectivamente

Dice bien Jorge Castañeda que tener un partido de Estado en México tiene consecuencias internacionales.

Tener un partido de Estado da mucho poder para hacer lo que se quiere dentro del país, pero limita en el ámbito externo, donde los excesos del discurso interno pueden tener altos costos.

Los ha tenido en estos días.

La presidenta Sheinbaum dijo varias veces que no estaba de acuerdo con los impuestos estadunidenses a las remesas y que los mexicanos, en consecuencia, nos íbamos a “movilizar”.

Eran palabras para consumo interno. La Presidenta quería mostrar independencia y valor ante el vecino.

Pero sus palabras fueron usadas, por el vecino, para echarle gasolina a la tesis de que estaba en curso una invasión migrante y el gobierno de México llamaba a movilizarse violentamente a favor de ella.

La presidenta Sheinbaum pagó el precio político de lo añadido a sus palabras por los estrategas del presidente Trump.

Sus palabras, rentables adentro, se volvieron costosas afuera.

Creo que el gobierno mexicano tardó en entender este mecanismo.

Tardó, desde luego, en lanzar la consigna a sus partidarios de que se callaran, de que la línea era “amor y paz”, no las locuras en caída libre del presidente del Senado o las audacias verbales de la consejera de Morena en Jalisco, a la que le respondió el mismísimo subsecretario de Estado, Christopher Landau.

Cuando la cosa llega a ese nivel de respuesta, queda claro el punto de Castañeda: tener un partido de Estado exige una línea disciplinada hacia el exterior, porque, en los hechos, lo que dicen los políticos del partido de Estado respecto de otro país puede tomarse como indicio de lo que el gobierno piensa de ese país.

Las voces políticas del régimen tienen que cuidar lo que dicen. Por triviales o personales que sean sus ocurrencias, hablan siempre, de algún modo, a nombre del partido de Estado.

Aquí sí que, literalmente, ya no se pertenecen. Sus dichos y sus hechos pertenecen al partido, son expresión de la única voz que hay en el Estado, donde la oposición no cuenta, pues la han descontado.

Los soldados del partido de Estado no son libres, ya no se pertenecen. Necesitan acordeón.