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La 4T abrió una caja de los truenos al trivializar los términos “hitleriano” y “nazista” que, históricamente, la política mexicana mantuvo al margen de la discusión pública. Cada lado prefería términos propios: “porfirista”, “huertista”, “neoliberales”, “churubuscos”, “rojos”, “chairos”.
“Hitleriano” es ya de uso corriente en la 4T: Andy dijo que quitarle la visa estadounidense fue un acto “hitleriano” y, en un video recuperado de 2021, la actual presidenta dice que las listas son del “nazismo”. Antes, en 2018, Pablo Gómez elogió a Hitler, porque “Hitler no era hipócrita”.
Cuidado, eh: están forzando la historia con ligereza para desacreditar a sus adversarios políticos. Y de los primeros en empezar fue Gómez, hoy titular de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral y, antes, jefe de la Unidad de Inteligencia Financiera.
En Si me dicen no vengo, conducido por Joaquín López-Dóriga en Foro TV, en septiembre de 2018, Gómez dijo que “Hitler llegó al poder por votos, elecciones, partidos, parlamento, tribunales. Hitler dijo que la democracia llevó a Alemania a la catástrofe. Hitler no era hipócrita”.
Y la historia no perdona: ocho años después, Gómez coordina el diseño, diagnóstico y análisis para modificar el sistema de partidos y la representación popular en México, para establecer un sistema de votos, elecciones, partidos, parlamento, tribunales… controlado por un solo partido.
Pero a la 4T le viene casi todo del chavismo. Venezuela es el espejo más nítido y trágico de la 4T: López Obrador imitó a Hugo Chávez en la transformación del lenguaje político para
acuñar motes a sus adversarios como “escuálidos”, “oligarcas” o “lacayos del imperio”.
López Obrador les llamó fifí, pirrurris, conservadores, mafia del poder, camajanes, machucones, hampa del periodismo o neoliberales. Pero Chávez sistematizó el término “fascista” para etiquetar a la oposición y quitarle legitimidad, tal cual hace la 4T.
Porque si el adversario es un “fascista”, no es un competidor válido, sino un enemigo que no merece espacios ni derechos políticos: o sea, lo que dijo Sheinbaum en 2021: “¿Quién hace listas? El macartismo, el nazismo. Ellos son los que hacían listas”. Sí: la historia no perdona.
En efecto, la 4T abrió una caja de los truenos al trivializar los términos “hitleriano”, “nazista”, y se nota el efecto búmeran: le están respondiendo con los mismos vocablos. La 4T ha banalizado las palabras más graves de la historia para justificar sus acciones.
Y, ya que llegamos a Hitler, vale la pena recordar la manera en que Hitler transformó Alemania, tras ganar las últimas elecciones democráticas registradas en el país: entendió que él y su partido encarnaban al pueblo, y que tenían campo abierto para hacer lo que les diera la gana.
Porque la historia no se repite, pero alecciona.