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Cuba es una metástasis de sí misma. Los países no mueren, ha dicho alguien, pero en algunos asoma algo peor que la muerte, la agonía sin fin.

La red eléctrica colapsada de Cuba es una buena metáfora de la agonía sin fin de la isla. Es una estructura detenida en el tiempo, una reliquia viva.

Leo que hay siete centrales eléctricas en Cuba todas de origen soviético, es decir, anteriores a 1989.

Apenas se les ha invertido en renovación y mantenimiento. Conforme se acababa su vida útil esperada se fueron gastando por dentro y por fuera, igual que el centro de La Habana, esa colección de ruinas suntuosas, bombardeadas por el tiempo y detenidas en él.

Igual que la isla toda y su régimen político, y el discurso en ruinas que sale de los fonógrafos instalados en las gargantas de sus líderes, culpando al “bloqueo” de sus desgracias.

Yo siempre entendí que la Revolución cubana se hacía para liberarse del imperialismo yanqui, para no depender más de él. Lo que dice sin querer el discurso oficial contra el bloqueo es que Cuba no podía en realidad vivir sin Estados Unidos y que su liberación, entonces, resultaría una condena.

¿Bastó que Estados Unidos se negara a comerciar con Cuba mediante un embargo, no un bloqueo al trato con el mundo, para que Cuba se hundiera en la pobreza y la dictadura durante siete décadas?

Valiente independencia.

Dice la heroica bloguera y periodista cubana Yoani Sánchez que la crisis que vive Cuba sin electricidad sólo puede equipararse a la del llamado “periodo especial” que siguió a la suspensión de los subsidios de la URSS, luego del colapso de 1989.

La dictadura cubana se planteó entonces, oficialmente, la posibilidad de la Opción Cero, un salto a la Edad Media que incluía medidas como “la instalación de ollas colectivas para alimentarse en cada barrio, el fin del suministro eléctrico y la total renuncia al transporte público” (@yoanisanchez, Claves de un colapso energético).

La Cuba de estos días se acerca peligrosamente a la Opción Cero. Seguirá acercándose, porque Cuba toda es una metástasis del cáncer que la gobierna, una extensión imparable de la enfermedad histórica llamada Revolución cubana.